10 de mayo 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Pedimos disculpas al lector que estaba interesado en seguir el rastro propuesto acerca del verdadero comienzo del «gen» de la crisis que nos ataca. Hubo que realizar un alto, la coyuntura y los violentos sacudones sufridos en la semana nos hicieron apartarnos del pasado y comentar acerca de los frescos sucesos. Pero, retomaremos la descripción de aquella época -treinta años atrás- donde lo que ahora se tiene que sufrir se fue engendrando con placer, hasta terminar por parir un monstruo del siglo XXI y que da muestras de que no estaba resuelto, ni mucho menos.

En general, cuando las cuestiones toman cierta trascendencia y se hacen sumamente explosivas en lo mediático, preferimos mantenernos unos pasos atrás.

Para, de paso, contemplar lo que sucede siempre: hasta los cronistas de espectáculos, o de modas, bajando líneas y opinando sobre los sucesos en Grecia, o los fuertes derrapes bursátiles en el mundo. El periodismo, y análisis, al que llamamos «de amplio espectro» es el que termina por apabullar oyentes y lectores, hilvanando argumentos de una manera que es por momentos reidera y, en otros, lamentable.

Y especialistas tampoco faltan, que acomodan nuevamente el discurso a las circunstancias: variando el libreto que dispersaban hasta hace pocas semanas.

Ahora parece que todos sabían lo que iba a ocurrir de nuevo. Que el mundo está hecho un pantano y que sus arenas movedizas se pueden tragar a cualquiera, en virtud de los tremendos desvíos que esa secuencia de «crecimiento» continuado -hasta Bolivia mostraba que subía a tasas notables- se encargaba de disimular. Mientras duró la fiesta, todos disfrutaron a pleno y las malas administraciones conseguían mimetizarse.

Hasta los más arrogantes -nosotros en primer plano- que decían no necesitar de nada, ni nadie, hoy efectúan peregrinaciones para ver si consiguen créditos internacionales y llantas de auxilio.

Las cuestiones en todas partes no están en orden, ni algo que se le parezca. Y el descalabro de la semana y las ruedas con perfiles de «corrida» volvieron a poblar los centros financieros. Querer reconstruir de inmediato, sin primero demoler los cimientos rajados -y falsos- lleva a tal tipo de situaciones. Lo poco que se consigue se cae, ante el primer desafío. Y ahora volverán a intentar el parche sin ir al fondo de la crisis.