21 de mayo 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Todo sigue... como siempre. Cuando los mercados bajan fuerte, es porque responden a «especulación salvaje». Cuando los mercados trepan salvajemente, se trata de un «efecto del crecimiento de las economías». Lo han recitado de tal manera todos los gobernantes, de todas las épocas, en lo que resulta un anverso y reverso clásico de la misma moneda. Si cae de «cara» a los deseos políticos, resulta un efecto virtuoso. Si la moneda cae «ceca», se trata de la perversa actitud de operadores sin escrúpulos. Y resulta que son los mismos operadores, en ambos casos. En una sola página, en la edición del miércoles de Ámbito Financiero, hubo dos muestras acabadas de la desesperación que invade cada vez más a los que deben pensar -y hacer- de modo racional. Por una parte, Alemania, que salió con una «prohibición de las ventas en descubierto» y a partir de la misma medianoche de dictada la medida. De modo inconsulto, puertas adentro, con un estilo «muy alemán» de poder en práctica lo que deciden. A diez de sus entidades financieras, le pusieron la veda en tal tipo de operaciones. Cruzando el océano, había una réplica en el ámbito del principal mercado mundial -el NYSE- donde están implementando a toda marcha, un mecanismo denominado «cortocircuito» y destinado a frenar las transacciones de una acción determinada si en tal papel se produce una baja del 10%. También de manera acelerada, el proceso debería estar funcionando en primeras semanas de junio. Más horas desesperadas...

Todavía están investigando, como si buscaran huellas de un asesinato, qué pasó el pasado 6 de mayo, cuando la Bolsa de Nueva York se fue en picada con un 9%, en el intradiario. Todo lo programado va en la misma dirección: buscar la llave maestra, que se ha perseguido toda la vida, para hacer que los mercados posean una dirección única: siempre hacia arriba. Nada se programa en la contracara, que es cuando los movimientos de futuros quiebres se van armando y donde lucen sus «exuberancias» las tendencias alcistas, tan desafortunadas como las bajistas. Como en fecha reciente, donde después de soportar tremenda crisis y ser reflejo de los más funestos desarreglos de la banca y las economías: los índices -comenzando por el Dow Jones- retornaban a la marcha triunfal y nuevos máximos históricos. En tal punto «estaba todo bien», porque ningún gobernante se quejaba de especulación salvaje, o de fondos agresivos. Y los señores europeos se regodeaban, con su «euro» vapuleando al dólar.