3 de junio 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

No es que olvidemos continuar con la secuencia acerca de cómo se gestó todo en el estallido de la crisis en Estados Unidos -del libro «al póker del mentiroso», de Michael Ley las medidas tomadas hace tres décadas atrás -Paul Volker mediante- para que el aburrido mercado de los «bonos hipotecarios» pasara a ser especial objeto de especulación salvaje a través del tiempo.

Pero es que el vértigo de novedades negativas que se van superponiendo, ya ahora con epicentro en Europa, nos aleja cada vez más de aquello. En definitiva puede que a nadie le interese realmente saber cómo se llegó a esto, sino de qué manera se podrá salir de lo que cada vez se complica más. Y las señales contrarias que provenían de los datos de las economías han derivado en gobernantes sumamente nerviosos y una serie de renuncias a los cargos que para nada colaboran en calmar los ánimos.

Junio arrancó así con los peores augurios, en plena continuación de un mes de mayo que trajo severas bajas en los activos. Se hablaba de que la renuncia del presidente de Alemania -aunque su poder político es acotado- traía consigo un debilitamiento de un ya atosigado mandato de la mujer que lleva adelante las decisiones: Merkel.

Problemas de belicismo entre ambas Corea y el criticado operativo de Israel, convierten al mundo en un escenario predispuesto a hostilidades de todo tipo y con mucha virulencia social. Y el mercado actúa en consecuencia, manteniendo una tendencia declinante en un contexto infértil para su progreso.

Es lamentable tener que hablar de probabilidades mucho más afines a más rebajas de índices que de repuntes sólidos y confiables. Pero tal como se han alineado las cuestiones el corto plazo está mucho más para tratar de sacar partido de la baja antes que de las alzas. Condición que no es natural en la mayoría de los operadores, mucho más preparados para actuar en la dirección alcista que en la bajista. Aunque el mercado tiene sus dos facetas y la rueda sigue deparando ganadores y perdedores no importa en qué dirección se trabaja dentro de él.

En estos momentos nosotros resultamos la antinomia de lo que sucede afuera. Aquí seguimos con la receta de fogonear consumo, alimentar el peligro de inflación. En el exterior, todo tiende a producir un rebaja de condiciones, llevando al riesgo de la recesión. Una plena zona de riesgo.