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Cupones bursátiles
Si se hizo famosa aquella expresión de Clinton, sobre que «es la economía, estúpido...», una versión actual debería decirles: «es el mercado, estúpido».
Actuación absolutamente lógica, aunque luzca como contradictoria variando de un día hacia el otro, provocando las pequeñas brechas, donde los operadores se arriesguen a conseguir la diferencia.
En plazos de cierto alcance, puede llegar a decirse que todos ganan en el mercado. Pero, actuando en muy corto recorrido, si unos aciertan y ganan, es porque otros perdieron. Aunque los enemigos del mercado, con su profunda mirada de resentimiento, dejen creer a las poblaciones que el especulador siempre gana. Y que es causa, y no efecto, de aquello que las economías y sus administraciones políticas dejan a la vista. Pretensión desmesurada de que las tendencias siguen alcistas y sólidas, ocultando los desvíos cometidos por los verdaderos culpables.
La especulación corta, de alto riesgo, es lo que mantendrá viva la llama operativa y dará liquidez a los activos. No los que se encierran en sus «búnkers», temiendo operar y esperando que todo pase. Después, está todo el decorado que rodea a las ruedas que van hacia uno u otro lado, los que como nosotros intentamos adosar una explicación a la suba, después a la baja inmediata, tomando algunas de las novedades que estén dando vueltas por el mundo en cada día. Descreen del mercado, lo abominan y lo vituperan, pero no pueden quitar la vista de lo que produce. Saben que es el termómetro, aunque nieguen lo que les marca. Allá ellos.

