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Cupones bursátiles
Y en todo el resto, bajo un título de: «Cinco claves para vivir del mercado financiero, desde casa y en pantuflas...», una descripción sobre inversores individuales, con sus herramientas informáticas, acceso a la información directa que han llevado adelante la tarea de ganar el sustento, moviéndose con aparente eficacia. Por allí también aparecen recomendaciones para el intento, una guía acerca de costos para implantar tal «oficina» doméstica. Y, por supuesto, relatos de aquellos que lo practican, mencionando sus realizaciones y éxitos en lograr extraer -al menos- una diferencia, equivalente a un sueldo en la actividad común.
También se mencionan diversos cursos, o lo que se denomina un «trading floor» (en el que sus miembros abonan 100 dólares al mes, para invertir su propio dinero con la guía de un «coach», que dispensa novedades del mercado).
Todo suena muy bonito. Hay relatos de gente que lo está realizando y que -según dicen- les va muy bien. En ningún momento se menciona la crucial advertencia, acerca de que al ingresar a un mercado de riesgo puro también se puede perder bastante. O todo. Y que por más que se recomiende algún libro en especial (allí hablan de uno de «técnica», que según ellos resultaría una especie de «biblia» del mercado) la seguridad no existe. Y la Bolsa no se gobierna siguiendo algún libro puntualmente. El panorama que quizás pueda seducir a más de uno, enfoca todo sobre la actividad de un «traider», no de un inversor con las características de tal. Por ello es que se apunta a las horas que, diariamente, hay que estar arriba del mercado buscando tal sustento, en el día por día.
Como solemos decir, todo aquello que sirva para incorporar más gente al diezmado circuito, sirve. Después se verá, si lo que allí se propone es el objetivo más deseable para el mercado. O si uno está a favor, o no, de tales métodos que se inculcan. Pero, a tal punto ha llegado nuestro mercado devenido en «silencioso», en una vida proveída por las terminales y la informática. Y que deriva en la nueva raza interviniente, que busca lo suyo en la velocidad y no en la espera. Así estamos.

