27 de agosto 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Nada cambió de martes para miércoles en los variados malestares de orden local. Tampoco nada varió en el andar de mercados del exterior, con Europa arrasada por las bajas y el Dow Jones logrando pálidamente un final sin sumar daños, tampoco repuntes. En definitiva, lo único que cambió fue el resultado de nuestros índices. Y donde aquello que sirvió para hundirlo en bajas de magnitud se convirtió en el estandarte de un buen rebote del 1,65 por ciento.

Con lo cual, nos quedamos con nuestra propia visión acerca de lo que sucedía, aunque las opiniones lo adjudicaban a que el acoso sobre empresas había tumbado a la Bolsa. De ir por tal senda, el razonamiento y teniendo en cuenta el desorden y desconcierto que impera en nuestro país, en todos los órdenes, pues que el Merval tendría que estar morando en el segundo subsuelo. Y no vino siendo de tal modo, con un mercado que se ha hecho impermeable a muchas cuestiones que en otras partes -y aquí, en otras épocas- se hubieran hecho sentir intensamente. Que de pronto se haya alterado la tónica porque los camioneros bloquearon una empresa o porque los políticos se encarguen de espantar al capital y a la inversión, es un menú común y tantas veces visto en estos tiempos: que no cuadra para darle como un «cuco» para la Bolsa. En cambio, todo el verdadero carnaval que se armó en torno de papeles de un sector, el bancario, con eje especial en uno de ellos -G. Galicia-, estuvo presente con sus variaciones: en las mismas «piruetas» -la palabra apropiada para los saltos de índices que se ven- que fue desplegando el Merval.

Tan violentos golpes de mercado, de banda a banda y retrocediendo más de un 7% en una rueda, para subir más del 7% en la siguiente, se produjeron en torno a un banco (donde no había ni camioneros, ni andaba por allí Moreno). Días atrás decíamos que la expresión «inversor» ha quedado en un diccionario virtual. En casi todos los mercados se da la baja de volúmenes de negocios y la incursión permanente de la tribu de los «colocadores», apoyada por la de los «apostadores». A cada semana, a cada nueva fecha, gira nuevamente el disco de la ruleta y allí engendra ganadores y perdedores, cada vez que la campaña clausura las sesiones. Buscar supuestos motivos, con los números puestos, es la necesidad de medios y analistas, mientras se preparan las siguientes piruetas. Inesperadas. Tristes.