23 de septiembre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Si uno no se independiza del día a día de los mercados y sus resultados, corre el riesgo de correr detrás de ellos y llegar a una opinión, según hayan dado los índices.

Quienes así lo hacen, analistas o periodistas, no advierten que están variando de considerandos y calificaciones, de una semana para la otra. Hoy está todo rozagante, mañana aparecen muy malas nuevas y el escenario es negro. De última, el que tiene la tarea de darle un sentido al resultado, parece ir y venir entre dos extremos. De allí que para el lunes, que resultó un muy buen día de Bolsa en todas partes, nuestra columna hacía hincapié en esas informaciones que hablaban de la mutación de carteras, que se vino verificando. Y de carteras poderosas que salían de posición en acciones, para buscar bonos, o el refugio clásico del oro. ¿Lo que sucedió en esa rueda, con sus alzas, sacaba de escenario la otra realidad? No lo creemos.

Y la mañana de martes, nos detuvimos en el muy buen comentario de nuestro colega, que se refiere a la actuación diaria del NYSE.

Jugando al contraste entre que «suben las acciones y se hunde la industria», se apuntaba a la contracción de la industria bursátil en Wall Street (con estimaciones de 80.000 puestos de trabajo, a punto de perderse). Otros datos, bajo la superficie de un día alcista, referían que lo operado en el principal mercado, durante el pasado agosto, resultó un 30 por ciento inferior a igual mes del año anterior.

Y ciertos párrafos siguientes, los hemos dejado para el recuadro. Cuando se adjudica buena parte de la suba a la represión de tasas de la Fed, que permitió anunciar en el año una recompra de acciones por 257.000 millones de dólares (en 2009, eran 125.000 millones de dólares). A través de esto, que «infla» las ganancias por acción, también se originan condiciones para destinar capital para la adquisición de nuevas empresas.

Observe el lector que sólo ha tenido la sensación de un título, o comentarios sobre subas del día, cuánto es lo que está girando debajo de la corteza de Wall Street.

Sacar tremendo partido de una planicie de costo del dinero, que permite moverse en varias direcciones y armar una suerte de mejor fachada -en especial con recompra de las acciones propias- que decididamente distorsionan futuros resultados y quieren mostrar una realidad, sin estructura seria.