29 de diciembre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

La debilidad de las economías, y por extensión la de los mercados, aparece dada por las delgadas cornisas de donde se vienen tomando. Y por el sacudimiento que se produce en cuanto una de tales cornisas muestra variantes en su solidez. El lunes estuvo precedido por una noticia que repiqueteó en todas las pantallas -y también en los medios gráficos- como si se tratara de un hecho de real gravedad para el mundo.

Y la promocionada noticia era la de China, que atendiendo a sus propios intereses (antes que el de los demás) informó que se produciría otro incremento en el nivel de sus tasas. En el desarrollo de la primera rueda fue la sombra que cubrió a los recintos, como si se estuviera hablando del «peligro amarillo» de décadas atrás y por otros motivos, más complicados.

La vieja expresión del «motor atado con alambre», que los hermanos Gálvez convirtieran en real, es la imagen que sigue prevaleciendo cuando se hacen serias evaluaciones de lo que sucede en el mundo.

Y no hay que ser reputado economista o agudo analista, simplemente observando la acción y la reacción, los miedos que inmediatamente se instalan de nuevo frente a novedades que resultarían apenas triviales en épocas normales, cualquiera puede establecer que aquello que se ha podido progresar a partir de lo más profundo de la crisis está permanentemente en riesgo de despeñarse nuevamente. Y si una de las cornisas principales pasa por desear que China juegue el rol que desea Occidente, dejando de pensar sólo para ellos, estamos fritos. Todos quieren que China «cumpla su deber» (utópico ideal), y ellos sólo cumplirán con su querer. Y está bien.

Otro pasado

Sabemos, o al menos así lo vemos nosotros, que aquello que han producido los mercados en 2010 no tiene que ver con lo que muestran los estados económicos. El ingreso a 2011 no será arrastrando una mochila de gruesas pérdidas en los índices, el salir desde el fondo del pozo y con escaso trayecto hacia abajo que asegura que el piso ya puede ceder poco. Especialmente nosotros -con esa suma fantástica del 50% de utilidad-, inclusive lo del Dow Jones retomando niveles de años atrás, lucen como «sobreactuados» y sacando partido de ciertas ventajas puntuales no muy usuales. Estando colina arriba no es igual que partir del llano, o del valle. Y habrá que encontrar más cornisas.

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