21 de febrero 2011 - 00:00

Cupones Bursátiles

Sabe el lector que, en nuestro modo de verlo, la condena de Bernard Madoff -150 años, por las dudas- no entra en tema para ser objetada. Pero sí es para escandalizar que en cabeza de un solo delincuente se haya resumido el «castigo ejemplar» prometido en su momento por Obama y cía. Esto viene a superficie nuevamente porque el afamado presidiario abrió la boca y otorgó un reportaje (reseñado en Ámbito Financiero del viernes), señalando simplemente que una serie de bancos y fondos de cobertura «tenían que saber» sobre su fraude a gran escala, antes de que esto estallara.

Y yendo más a fondo todavía, que tales entidades «demostraron una ceguera voluntaria». Está claro que, como él lo asegura, mientras los rendimientos seguían estando jugosos, lo que hacían los señores banqueros -y afines- era decir: «Si usted está haciendo algo indebido, no lo queremos saber...».

Más allá de que existen demandas contra una serie de firmas, lo que se tiene hasta ahora por cierto es que los hacedores del desastre en complicidad con Madoff volvieron a disfrutar de luz verde y hasta han servido para darle fuerza al índice Dow Jones, bajo el rótulo de «los balances de los bancos».

Si se vuelve atrás la historia, quizás hasta pueda hallarse lo que parece un absurdo a simple vista: que el condenado estafador en realidad también fue una víctima de los que derrumbaron el contexto financiero y bancario con sus prácticas explosivas a gran escala. Esto es: la crisis no surgió porque la empresa de Madoff haya explotado sola, sino que todo le estalló cuando -a su alrededor- el sistema se convertía en una ruina. Véase hasta qué punto, y en caso de colocarlos en fila frente a las rejas, muchos debían estar precediendo a Madoff en el camino a la celda. Sin embargo, el mentado «escarmiento» ofreció un personaje para arrojar a los leones, permaneciendo los gestores del desastre y hasta volviéndose a pagar «bonus» ejecutivos desde los directorios.

Como en la nota se menciona, el caso se suele comparar con el «esquema Ponzi»; podemos darle al toque de color diciendo que Carlo Ponzi fue mucho más afortunado que Madoff. Consiguió zafar y se radicó en Brasil. Allí siguió con lo suyo, armando otras estafas y dándose la gran vida hasta morir oscuramente. Uno de sus discípulos -son millares en el mundo moderno- tuvo menos suerte.

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