3 de marzo 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Las notas que le van extrayendo a Bernard Madoff desde su residencia permanente -en la cárcel- sirven como para ilustrar en los medios, con la consabida columna «de color». Esto es, que aparece como un personaje exótico y al que muchos de los lectores -porque así también lo toman en el periodismo- lo deben leer «como de quién viene». El estafador, el gran condenado de la crisis, el sujeto indeseable que al emitir una opinión carece de validez. Esto es muy frecuente, habitual, descalificar la idea por la boca que la ha proferido.

Ahora apareció una segunda nota, un reportaje telefónico para la revista New York, y donde hay manifestaciones que no solamente nos lucen como importantes, sino que son para sacar conclusiones sobre lo que sucedió en su momento. Y, más importante, lo que ocurrió después del estallido del sector financiero y la propia crisis.

Sobre aquello ya visto y juzgado, Madoff acentúa un aspecto que es estrictamente cierto: «A todos los movía la codicia...». Referido a los clientes estafados, sobre los que apunta: «Los bancos y fondos de inversión tenían que saber que había problemas». Y agregando: «Yo simplemente acompañé el movimiento». Y, con certeza, afirma que «fue la gente que llegó al final la que perdió...». Una tácita acusación para todos los que se consideran víctimas, pero que dentro de un esquema como el realizado, en realidad, son los últimos llegados los verdaderos perjudicados. Porque se abonan con nuevas inversiones aquellos compromisos anteriores. El modo de poder sostener «la magia» de un falso oráculo, que brinda rendimientos muy superiores al promedio (para, justamente, tentar a los codiciosos desenfrenados).

Es lo que tantas veces se ha visto, afuera y también en nuestro medio en diversas épocas, que la entidad que está en pésima situación intenta salvar la quiebra prometiendo tasas, que nadie paga.

Pero eso es el pasado. Ya nada puede modificarse, y lo que declare no posee incidencia. Sí, en cambio, la expresión crucial del reportaje. Cuando asegura «la regulación en Estados Unidos es un chiste...» (referido a lo hecho tras la crisis). Y más aún: «Todo el Gobierno es un esquema Ponzi». Y esto da para pensarlo, para advertir qué terreno se está pisando en el supuesto «nuevo mundo» posterior. Sería bueno que alguien lo analice.

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