14 de abril 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Bueno... nos dice alguien, respecto de los «cupones» anteriores, pero hay gente que analiza, revisa a fondo, estudia las acciones.

Seguro que es así, aunque no resulte el ejemplo más valioso. Porque el agente bursátil, el administrador de carteras, el que pertenece a un fondo de inversión, realiza el trabajo desde un punto de vista -más allá de la vocación- que es profesional. Es su trabajo y deben cuidar capital de terceros, de la manera más eficiente que puedan.

Nuestro comentario, necesariamente subjetivo, está basado en apreciaciones y -por supuesto- no existe una compulsa general.

Para saber cuántos quedan de los que llamamos «inversores ilustrados», o cuántos engrosan las filas de los colocadores «de oportunidad», o simples «apostadores», que no tienen ninguna intención de ahondar sobre empresas, o sectores, sencillamente: porque la rotación que efectúan sobre sus posiciones, hace que los nombres cambien en muy corto plazo.

En una palabra: no forman cartera para seguirla, cobrar renta de esos papeles y completar cierto ciclo con ella. Hecho que es voluntad de cada uno, obviamente, ninguna actitud es criticable.

Lo único que decimos, nos parece, que el sistema -mundial, no sólo local- ha visto disminuir la raza de los «inversores» dentro de la acepción clásica, que derivaba en lo otro: en sumergirse en infinidad de temas, que ni por asomo les interesaban antes.

Y con ello se ha perdido buena parte de la solidez de tendencia, que aportaban los que conservaban los títulos.

Mientras en superficie actuaban -y eran sumamente necesarios- los llamados «especuladores», que proporcionan la dinámica, la emoción, el ritmo a la actividad. O sería sumamente aburrida.

En ciertos aspectos uno advierte cómo ha virado la mentalidad hacia el vértigo. Cuando se piden opiniones a los llamados «entendidos», casi todos terminan nombrando los mismos papeles de los que se destaca, en común, la gran liquidez de mercado.

Condición, virtud, como se denomine, que no estaba a la cabeza hasta hace unos cuantos años y donde el «inversor» sabía que -con paciencia- todo papel se puede comprar, también vender. Además, cuando se habla de las «favoritas», no se relacionan virtudes y precio, cotejo indispensable.

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