15 de agosto 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Los ingeniosos desesperados, que se vienen dedicando a invertir en el mercado porque el «espejo» les devuelve una horrible realidad económica, que no desean aceptar estaban debatiendo en Europa: acerca de prohibir la llamada «venta en corto». Encabezados por Alemania, pero con la oposición de Inglaterra y Holanda, están decididos a mutilar cuanto sea necesario los mismos instrumentos y prácticas, que gozan de muy buena imagen cuando ayudan a subir los índices.

Inclusive, hasta llegar a las «exuberancias» de las que nadie se queja, aunque los precios alcancen un estado totalmente alejado de la realidad del contexto.

Desde siempre, la historia del mundo bursátil es clara al respecto, la tentación a meter mano en la operatoria reaparece ante cursos bajistas que no son resistidos por los políticos de turno.

Y siempre lo bursátil está en el ojo de la tormenta, aunque lo que denominan «especulación destructiva», es la misma -invertida- que cuando los mercados disparan hacia arriba.

En una palabra: «La especulación» es «maligna» en una dirección, pero es «bendita» en la dirección opuesta. Se habla, como ejemplo, de los que no poseen los títulos que venden: para después recomprarlos más abajo. Y haciendo suculentas ganancias siempre: cosa que no es tal. Porque si por alguna razón el mercado se da vuelta, al tener que cubrir lo vendido puede implicar una serie perdida. Y, en definitiva, cuando muchos son los operadores vendiendo al principio de una rueda, los mismos serán los que coloquen un sostén, al tener que recomprar. Pero, más allá de esto, ¿qué puede decirse del que sí tiene las posiciones en cartera, estima que los precios irán hacia abajo, vende parte de ellas y después las recompra si la jugada le salió bien?

¿Qué hay de anormal en esto, más allá de no querer que la gente venda y no soportar que las Bolsas marquen lo que deben?

Saber «especular» -tratar de avizorar qué puede suceder a futuro- es una de las mejores condiciones para un inversor o un operador.

También es un arma de doble filo y si la presunción es fallida, corre por cuenta del que se equivocó. Que suele suceder. Penalizar desvíos, manipulaciones poco santos, información privilegiada, está dentro de lo justo.

Pero, cercenar herramientas operativas que se utilizan en todos los segmentos de un ciclo: es ser tan torpes, como cuando quieren investigar el origen de un rumor.

(O armar «calificadoras» a gusto de los gobiernos, para que no se alarmen los incautos) Inútiles.

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