Con diversas «ridiculeces» culminó la semana, de donde el Dow Jones consiguió sacar ventajas de un Bernanke insípido, pero ante el que Europa no se sedujo y mostró índices desilusionados. Al mismo tiempo, aparecía la noticia de que el famoso Warren Buffett -que había invertido u$s 5.000 millones en adquirir acciones del Bank of America- había ganado ya u$s 357 millones con tal compra. Claro, simple, él mismo originó la «ganancia» con las compras que realizó. Lo que, lejos de resultar una hazaña, muestra que -en verdad- salvo por el momento el destino de un papel que se iba en picada. Y al que había que esperarlo todavía más abajo. O comprar promediando, sin remover el avispero con semejante inyección de dinero en la demanda. Los otros participantes de tales acciones seguramente deben estarle agradecidos a Buffett. Y muchos de ellos, aprovechando para sacarse posiciones de encima ante semejante «aspiradora» de papeles. No responde a los principios más sagaces de la inversión realizar una operación de un sólo golpe como la concretada, acaso haya que buscarlo más por los favores mediáticos que el millonario esperaba conseguir, con su súbita aparición y en tales términos. Al ingresar de tal forma impulsiva, hizo que el papel detuviera la pendiente. Y alcanzara inclusive un «rebote», pero no es para alegrarse mucho colocar 5.000 millones de dólares para decir que se están ganando 357 millones. El futuro podrá sonreírle -es otra cuestión-, pero esto no invalida que un buen discípulo de Benjamín Graham se haya ido de largo con su arremetida, cuando la táctica aconsejable era ir tomando papeles, acompañando la tendencia. Una vez llegado a su piso firme, apoyar la recuperación para extraer la máxima utilidad, en un mercado que hubiera cambiando de rumbo. Pero problemas de él, a quien le sobra capital para divertirse y seguir aumentando su ima-gen de «oráculo» -como lo llaman-, que debe venirle muy bien a una edad avanzada en la que más que dinero se procura gloria y admiración del escenario.
Lo cierto es que la expectativa del viernes, con el mensaje de Bernanke, terminó en una evidencia que no daba para nada. Y que los pícaros de siempre en Wall Street convirtieron en toda una proclama acerca de que en septiembre vendrán las medidas de estímulo. Y para terminar de redondear el marco, un foro de supuestas «mentes brillantes» -Premios Nobel- culminó diciendo que no saben qué.
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