9 de diciembre 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Dejó preocupación entre los habitualmente escasos asistentes al recinto bursátil -y su anexo- de Buenos Aires el deslizamiento pronunciado de su tercera rueda y que fijaría el final de una corta semana local. A tales alturas, nadie se va a escandalizar por ver al Merval decayendo un 2,5% (tantas veces se ha visto en el año y muchos más que eso, también), pero es que recrudece la imagen de ser el mercado de mayor golpiza vendedora -o ausencia tomadora- dentro de la nómina global. Hasta el lunes, lo que podía asomar era el fortalecerse de las tasas de interés, enemigo clásico y poderoso de las Bolsas, sucedido frente a la necesidad de frenar la hemorragia de dólares.

Pero el miércoles a la mañana, diversas notas en todos los medios informaban de otro peligro -todavía más preocupante- en la figura de un Brasil que ve detenerse sus motores. Y cada vez más cercana la onda expansiva de lo que ocurre con europeos, la tonta idea de estar «blindados» (por estar lejos o por no sufrir la problemática), la fantasmal imagen de ingresar a un terreno recesivo regional. (Probablemente, haya resultado un pesado lastre para operadores y carteras.)

Corrección

La idea acerca del qué habrá de suceder, con un Brasil que ya no resulte receptor dinámico (pensar que hasta el 70 por cineto de la producción vehicular local venía siendo aspirada por Brasil), se instaló en la mente de los que movieron posiciones el miércoles. De tal forma, el Merval volvió a ampliar ventajas sobre quienes lo siguen, en el camino a quedarse con el rótulo de ser el más perjudicado.

Lo de Brasil estaba perfilado después de sus resultados a junio, pero el tren económico se detuvo totalmente en el trimestre siguiente. Y se asiste a un final de ejercicio donde llueven las hipótesis en el mundo, pero sin que se halle un camino a la salida.

Corrección a la baja en las perspectivas para el crecer de 2012 se traduce en balances empresariales flacos (y sobre la delgadez que ya muchos venían arrastrando). La Bolsa está reflejando un panorama que no en todos los sectores de la sociedad se quiere reconocer. Saber, por caso, que la fiesta del «consumismo» extremo deberá morigerarse y ajustar presupuestos domésticos a una realidad que ya golpea las puertas. Lo malo de la corta semana bursátil: no podía ser de otro modo.

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