29 de febrero 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Un «grupo de control» que proponga elevar el capital a límites donde no existirá una capacidad de ganancias acorde está produciendo «licuación» del tal capital. Los accionistas poseerán el mismo dinero que antes del cobro de más acciones, pero estarán recibiendo una ración de «inflación» de papeles. Y si no hay modo de poder mostrar que las utilidades siguientes suben adecuadamente, lo más probable -salvo que existan circunstancias extraordinarias, que a todos los papeles de una Bolsa involucre- es que las nuevas tenencias no consigan recuperarse, desde el precio de corte, de la nueva paridad. Un principio que solía ser debidamente contemplado por muchas sociedades y sus directivos, quienes no trascendían de ciertos límite en la relación de capital a patrimonio.

Recordamos la fórmula que empleaba la vieja «Siderca», cuando todavía llevaba el «Dálmine» por delante, comandada en aquel entonces por Federico Peña. De personalidad difícil, pero sabio en los quehaceres no sólo de empresa, sino de Bolsa. Y la compañía -según se aplicaba- no debía salirse de un «3 a 1», en la relación mencionada. Tres veces de patrimonio neto, por una porción de capital. Imitada por otras firmas, que procuraban manejarse con prudencia en tren de dispersar dividendos, o ajustes al capital. Hoy se está viendo que no son pocas las compañías que, como acciones, se han ido bien de largo en la expansión de láminas (modo de decir, porque el título físico ya no existe) y la pregunta de un accionista en ellas sería: ¿cómo harán para ganarle apropiadamente a semejantes descalces efectuados?

Y esto entronca con lo otro, que veníamos hablando, respecto de utilizar el método de la «hormiga», o de la «cigarra». Hay mucha propensión a ser «cigarras», en una zona invernal de las economías globales, donde ningún país, o actividad, tiene el porvenir asegurado. En consecuencia, lo sensato es tomar sumas acumuladas -cuando se las tiene- y mantenerlas a salvo, en reserva, para poder atravesar ciertas fases del ciclo bajo sin sufrir sobresaltos. Esto hace a la imprescindible sanidad estructural, a la que hoy en día el inversor debe estar vigilando para poder descansar sobre acciones «duras», consistentes en lo profundo, más allá de las luces de superficie. Constituir una cartera provista de papeles bien sólidos, con capitales apropiados y valores técnicos de cierto calibre es una de las recetas para enfrentar las acechanzas que nos rodean. (Una simple opinión.)

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