12 de julio 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

El 158° Aniversario de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires se cumplió el pasado martes -10 de julio- y tal como sucede desde unos cuantos años a esta parte, la ceremonia para festejarlo que organiza la entidad ha quedado pendiente para una fecha próxima. Esto, le decimos al lector, comenzó a partir de distintas autoridades nacionales invitadas -naturalmente- que dejaron de otorgar preeminencia en sus agendas a su presencia en el mismo 10 de julio, lo que debe ser.

Socios de cierta veteranía, inclusive empleados de la Bolsa, o buena parte de directivos de larga trayectoria recordarán -como nosotros-que hasta tiempos no tan lejanos, los gobernantes aseguraban su asistencia y la entidad podía realizarlo en el mismo día de su aniversario. Como debiera ser. Después, se ingresó a la etapa que persiste y donde se solicitaban postergaciones -desde presidencia de la Nación- en virtud de cualquier motivo invocado. Ante lo cual, las autoridades del sistema fueron corriendo las fechas (en algunos casos, de modo grotesco). Agregado a ello, que la «segura presencia» se fue convirtiendo en suspenso, para establecer si los invitados principales se dignarían concurrir. Se nos dirá que fijarnos en lo que muchos tal vez llamen «detalles», carece de importancia. Será porque a lo largo de las décadas, hemos visto una interminable sucesión de «supuestos detalles», que al llegar al saldo neto final (como en los cuadros de resultados) nos impone la imagen, de cómo se ha dejado en un escueto rincón de la economía y las finanzas locales a nuestra Bolsa de Comercio. Es como que dejarán que siga cumpliendo años, pero que «la vieja» no participe (ni moleste). Por eso, nuestro recordatorio -que pasó inadvertido en otros medios- conlleva también el sentimiento de ser un homenaje para todos los que deben luchar a diario, desde directivos de la entidad, pasando por socios, operadores, e inversores del sistema, para mantener la llama encendida de una institución con «158» años de historia. Extensivo, por lógica, a las compañías que siguen cotizando sus papeles en nuestro recinto. Con toda la problemática que implica tener que cumplir los requisitos, sin obtener más que un mercado seco, a cambio. Como nos gusta decir: somos de «las inferiores» de la Bolsa, la sentimos, nos duele, tratamos de soplar la llama. Que muchos desean que se apague. Pero, todos pasan, la Bolsa sigue estando.

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