El jueves, los titulares alarmaban con: «Europa se desplomó por temor a recesión». Una motivación de indudable cuerpo, de aquello que está en lo profundo de una tendencia. Pero, el viernes se anotaron repuntes generales: simplemente, según se exponía, porque un par de bancos -de los cuestionados en sus actividades- en Estados Unidos habían traído números «acordes con lo que se esperaba...». Una noticia de fondo impulsando a la baja, una de superficie fogoneando el repunte. Y sigue la disparatada secuencia en el año, de ver caídas y rebotes en los índices atados a todo tipo de considerandos. Hasta personajes sumamente reputados, en la comunidad de las finanzas, como ahora Warren Buffett, dan la impresión de colaborar a la gran confusión que todo lo impregna. Hace un par de meses anunció que estaba comprando acciones, de empresas europeas. Ahora, mencionó que en las últimas semanas ha comenzado a empeorar Europa -bastante rápido- y que «no tiene claro si el euro seguirá existiendo dentro de diez años...». Y que «no está claro quién está al mando si es que hay alguien». Todas las evidencias dicen que Alemania, Merkel, está al mando del timón. Y es lo que ha venido evitando que los países de la «eurozona» quieran cubrirse con lluvia de dinero fácil (y echarles tierra a los asuntos de los desvíos y malas administraciones).
Podría decirse que la austeridad, el apego a normas de saneamiento, no ha dado resultado en Europa. Pero la receta opuesta -aplicada en Estados Unidos- con sus sucesivas fases de inyectar dinero fácil no da tampoco muestras de haber sido exitosa. Inclusive, hay en estos momentos una serie de hechos encadenados -que incluyen a banqueros y operadores- que resultan otra bofetada a la sociedad. Lo de la semana pasada, acerca de un afamado «broker» que armó otro desastre y que fuera advertido porque el propio implicado intentó suicidarse impone acerca de regulaciones y controles que no se aplican, mientras los colegas de Wall Street se mostraron «desilusionados» porque Bernanke dijo que -por ahora- no aparecerá una tercera fase de dineros para divertirse. En medio de la tormenta que amenaza con entrar de lleno a una recesión global, los mercados inventan su propio microclima con tal de no depurarse y sincerar sus pisos, a lo que se está soportando. Hasta que lo artificial deba filtrarse por lo real. Donde las líneas se cortan.
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