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Cupones bursátiles
Puede decirse, hasta ahora sin dudarlo, que la inversión en títulos privados -en el mundo- resulta netamente perdedora. Porque a la simple comparación nominal, hay que darle el «valor agregado» (más bien la «obligación agregada») de resultar un activo de riesgo puro, sin paridades ni sostenes anexos, que debe retribuir al participante con mayor renta que los que no conllevan el peligro extremo. Es así que si resultan perdedores inclusive los que están a la cabeza de aumentos en el ranking bursátil: la resultante de los tres que permanecen con signo negativo nominal -incluido el Merval- perfilan un duro castigo para las carteras adherentes. Esto no constituye crítica, ni animosidad, es la simple realidad que surge de los números y respecto del tipo de inversión, que representa la del segmento «acciones». El simple atesoramiento de «colores», a precio oficial, produjo diferencia cercana al 10% en 2012 y esto sólo ya constituye una brecha adicional, para lo hecho por el Merval: el que tiene dos meses y medio para salir del fondo, limpiar su más del 2% de baja y poder incorporarle ese otro 10% de suba, nada más que para equiparar la cartera, a nivel del dólar oficial (con otro tipo de mercado paralelo, la carrera ya está perdida). Con las condiciones que debieron asumirse, el saldo debe ser mirado con benevolencia y eso también es una verdad inapelable. El nivel de los «pisos» se vino manteniendo y en tal actitud se encierra un mérito.

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