La suba del martes en todos los mercados se resumió en los argumentos de: buen balance de los «tiburones» de Goldman Sachs, en Estados Unidos, sumado a que la complicada España pudo colocar unas «Letras» a menor tasa que la vez anterior (cuando sus títulos públicos ya están en el nivel del bono «basura»). Con tan precarios motivos, los europeos treparon hasta un dos y un tres por ciento, en las Bolsas, mientras, el Dow Jones subió casi el 0,9%. Los demás actuaron en consecuencia (salvo la parquedad de Brasil) y el Merval se pudo poner en la fila de los ganadores, para sumar algo más del 0,9%. El mismo día en que aquí se dieron a conocer muy preocupantes datos sobre la producción de acero (disimulada por la Cámara, diciendo que había sido porque las «paradas de planta» no se habían reiniciado prontamente). Por lo que resulta notorio que nuestro mercado vive «de prestado», buscando subirse a cualquier carro exterior que pase por su lado y careciendo de tendencia, que tenga que ver con cuestiones de economía doméstica. Siendo apenas un lejano satélite orbitando en torno a lo que hagan otros, y a favor de montos negociados que son pasibles de regularse, no es sencillo hallar correspondencia entre los que producen los papeles cotizantes con aquello que transmiten las situaciones de las empresas que los emiten.
En síntesis: la casi absoluta independencia de las condiciones intrínsecas de las acciones, respecto de la dirección que tomen como acciones en disputa. Y esto confirma algo que es todavía más lamentable: la pérdida de identidad del mercado, evaporada su personalidad en lo que es la nube global. ¿Qué queda, entonces, para que el inversor nativo tome como referencia para elegir y estimar la proyección de su cartera? Nada más que ver qué les sucede a los de Europa o rogar que al Dow le vaya bien para que algunos reflejos lleguen a Buenos Aires. Por muchas cuestiones -no todas buenas-, ya es casi imposible que pueda salirse alguien del gran «tablero» global de los mercados.
No hay manera de imaginar una Bolsa dependiendo del contexto doméstico, como lo fue hasta el «viejo recinto» y algo más, pero, en tren de realizar algún balance, acaso es más lo que se perdió por el camino que lo ganado con la integración. Si es cierto que «el león es sólo cordero asimilado», también es sencillo saber a cuál de las dos especies pertenecemos. Lo que tenemos es lo que ha quedado... Y por ahora.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario