22 de febrero 2013 - 00:00

Cupones Bursátiles

En la convocatoria lanzada por la Comisión Nacional de Valores, a integrantes del sector financiero y bursátil del país (muy bien cubierta por nuestro diario, a través de toda una página) lo que nos quedó fue una sensación de «vacío». Sancionada la nueva ley, ya con el tiempo corriendo para instrumentarla se solicitaron propuestas -con tiempo límite hasta el 15 de marzo- a los participantes. Y el marco fue una arenga del titular de la CNV sobre el momento histórico, la necesidad de que exista una reglamentación consensuada. Y recordatorios acerca de los propósitos de la ley: «Para que todos los mercados del país estén interconectados con decisiones tecnológicas, cuestiones patrimoniales y los niveles de capital, de garantía, de contrapartida que hay que usar».

De los que hablaron, en verdad todos, partieron adhesiones al nuevo régimen -en realidad, no quedaba otra posición cuando todo se ha sancionado- y una temática de fondo, señalando la posición «unitaria» de la Bolsa de Buenos Aires. Ergo, afloraron los viejos resquemores entre el interior y la Capital: que para nada favorece el marchar hacia un consenso, como el que solicitó el anfitrión. Y está bien reclamar igual trato ante la ley, pero esto no iguala el peso específico que poseen unas instituciones, respecto de otras. Ni las historias de cada entidad, su vigencia, el peso específico dentro de un sistema. Y cabe preguntarse si todas las Bolsas del país alcanzarán a cubrir debidamente los requisitos que invocó el titular de la CNV y que citamos textualmente. Los principales negocios de todo el espectro financiero del país, se producen en Buenos Aires. Es una realidad. En Brasil -recordamos- por gran parte de su historia convivían las Bolsas de Río y la de San Pablo. La primera fue perdiendo su energía gradualmente, hasta que se llegó a un punto donde debieron propender a una fusión (quedando San pablo, como el emblema visible). ¿En qué rango pueden confrontar los mercados del interior con el de Buenos Aires? Pasarlo todo por el «unitarismo» es muy liviano, nos parece, pretender que todo se iguale por el mecanismo de una ley: es utópico. Pero, más allá de todo lo que brinde tema para discusiones suponíamos que los organismos que habían realizado el proyecto de ley también tenían debidamente diagramado, qué es lo que habrá de reglamentarse. Y pensamos que es así, aunque se hayan reclamado «propuestas» y pedir el «consenso». De última, sólo se trata de acatar.

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