Puede decirse -con criterio- que para el mercado local la falta de alternativas para la defensa del dinero constituye tal vez la mejor alternativa para que la nave llamada Merval cabalgue sobre aguas encrespadas con la suavidad de un paseo por el lago. Al menos nosotros ya estamos resignados a tratar de hallarle otro basamento que el antes mencionado y otorgarle razones a movimientos accionario que "la razón desconoce". El pasillo que se formalizó, cada vez más estrecho, en dirección a sostener el camino de un índice que sobrepasó todo techo previsible (y canta más del 50% en el correr del 2014) posee algún aliado que ayuda con la resistencia -en momentos de temblor- y que hace unos días adjudicamos al "sentido de pertenencia" (de los que han sido participantes bursátiles y que no encuentran satisfacció al ingresar a otros canales). Frente al asunto que ahora está en plena ebullición (la "Ley de Abastecimiento", con el adicional de la figura del "terrorismo") lo que continúa alimentando la leyenda entre Cristina y Griesa es un simple cuento para niños. Y como para todo hay un tiempo para curtirse, sobre ello los operadores parecen haber asumido que el mercado actúe paralelo al litigio, sin salpicarse demasiado. En una palabra, se lo tiene "descontado" en lo que hace a su culminación adversa. Pero, lo otro, aquello que ha puesto los pelos de punta entre los empresarios que ya están aquí (e imaginamos a los que tenían alguna intención de venir) es veneno puro para un mercado de riesgo que no haya perdido la sensibilidad a las señales que aperjudican a las compañías y, por extensión, generando un aura de fuego sobre las propias acciones cotizantes. Esto revista entre lo más llamativo, inesperado, casi asombroso que hemos visto respecto de las causas-efecto, sobre la marcha de las tendencias bursátiles.
Solamente lo anotamos en nuestro "cuaderno de bitácora", lugar donde solemos puntualizar todo aquello que nos impacta del mercado y, en especial, sobre lo que no estábamos preparados para ver. Si en cualquier otro momento se nos preguntaba cuál creíamos sería la respuesta de la tendencia (ante lo planteado con la ley que se quiere sancionar) sin dudarlo, diríamos que se provocaría una pendiente casi inmediata, vertical y para hallarle algún parangón con el pasado, como cuando el mercado enfrentó la primera versión -de 1974- con una decadencia sin remedio. O bien, cuando se quiso instaurar la "nominatividad" de las acciones (ambos sucesos los vivimos ya como periodistas, no lo leímos...)
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