15 de junio 2012 - 00:00

Dalma Maradona: recordando sin ira

Dalma Maradona necesitó poner todas sus cartas sobre la mesa, para así poder perdonar a su padre y aceptarlo tal cual es.
Dalma Maradona necesitó poner todas sus cartas sobre la mesa, para así poder perdonar a su padre y aceptarlo tal cual es.
«¿Te puedo tocar? Sos un esperma de Dios». Dalma Maradona viene escuchando frases de este estilo desde su niñez. Como hija del «Diez» ha sido testigo de las situaciones más extravagantes, producto de la desmesurada personalidad de su padre, su constante exhibición pública y la sostenida veneración de millones de fans.

Pero ella se hartó rápidamente de esa figura histriónica, acuñadora de frases lapidarias, gestos papeloneros y usual carne de cañón para el escrache mediático, a la que hoy acusa de haber opacado gran parte de su infancia y adolescencia.

Así lo da a entender con claridad en hora y pico de espectáculo a través de anécdotas de la intimidad familiar tan desopilantes como emotivas, que superan en delirio a cualquier otra experiencia maradoniana que hayan difundido los medios. Abundan los videos caseros (un material de lujo) intercalados con recopilación exhaustiva de archivos periodísticos que hacen que esta suerte de monólogo autobiográfico pueda ser disfrutado, incluso, por los que odian el fútbol.

Dalma tiene mucho para reclamarle a su padre (su madre, en cambio, es un modelo de perfección según el monólogo) y no ahorra detalles al referirse a ciertas picardías del ex jugador («en Cannes quiso mandarme a dormir para seguir bailando con Salma Hayek, pero lo obligué a quedarse conmigo») o al criticar su decepcionante desempeño en varios tramos de su carrera.

En su papel de hija mayor y «correctiva» se muestra más madura que su padre, aunque todavía sueñe con ver a ambos juntos otra vez.

Nada dice de la actual esposa de Maradona, ni de Guillermo Coppola, el ex representante y amigo. De las épocas más duras sólo menciona vagamente un par de clínicas médicas y algunas ciudades. Pero basta con que diga: «en Punta del Este pasé el peor momento de mi vida» para que todo el mundo entienda a qué se está refiriendo.

A los 25 años, Dalma se ha convertido en una mujer valiente, decidida y batalladora (hay que verla a los cuatro años, en Nápoles, peleándose con unos vecinos mirones). Y sus reclamos son, en definitiva, los de cualquier hija en trámite de dejar atrás su adolescencia para afirmar su identidad.

Evidentemente necesitó (el programa de mano habla de una catarsis) poner todas sus cartas sobre la mesa, para así poder perdonar a su padre y aceptarlo tal cual es.

Más allá de los traspiés del «héroe nacional» y atípico pater familias, los Maradona han logrado superar todos sus contratiempos con voluntad de clan. Y así se los vio la noche del miércoles: firmes, unidos, ocupando la tercera fila de la pequeña sala del Sha, y siempre atentos y respetuosos a las palabras de la hija rebelde. Junto al pasillo Claudia Villafañe quien se ocupó de llevar a su nieto al baño como cualquier abuela de barrio, pese a lucir un ajustado vestidito con animal print. A su lado Diego Maradona, recién llegado de Dubai, Giannina la hija menor, su esposo Sergio «Kun» Agüero y Don Diego, el abuelo al que Dalma felicitó por su humildad.

Egresada de la Licenciatura en Actuación del IUNA («Mi papá ganó muchos títulos, pero yo soy la primera Maradona que obtiene un título universitario»), en el espectáculo reveló algunos amorosos exabruptos paternos; el más divertido tuvo que ver con su 12º cumpleaños, cuando su padre le obsequió el auto que a ella le gustaba, sin percatarse de que era menor de edad. «Que te lo manejen tus amiguitos», sugirió el crack. «Papá, mis amiguitos tienen doce años, igual que yo». Aunque el micrófono inalámbrico (totalmente innecesario) le quite algo de naturalidad a su exposición, Dalma logra una rápida empatía tanto con el público como con su partenaire (el actor Mariano Vician), quien además de atenuar la feroz diatriba de la protagonista, funciona como una especie de portavoz de los fanáticos de Maradona.

Dalma se pelea con su padre y también con el mito que él representa («¿Cómo pueden ver a Dios en un futbolista?») y relata con particular gracia su pelea de adolescente con un barra brava de River que insultó a su papá y su traumática visita al Nápoles de su infancia, adonde viajó sola y padeció como nunca el karma de ser «la hija de...». «De esto, mi papá recién se está enterando ahora», anunció a una platea que seguía sus palabras (y videos) con un extraño sentimiento de familiaridad.

Finalizado el espectáculo, la escena más esperada: padre e hija fundidos en un abrazo. El público los abrazó a ambos con una larga ovación.

«Hija de Dios». Libro y Dir.: E. Halvorsen. Int.: D. Maradona, M. Bicain. Audiovisual: B. Amadeo. Esc.: A. Mateo. Ilum.: O. Possemato. Vest.: D. Romano. (Teatro Sha).

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