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Daniel Barenboim lleva su “Beethoven para todos” a Europa
«Los políticos dicen que la música clásica es elitista, pero eso es porque carecen de formación», dijo Barenboim en España.
Vestido con un traje blanco de lino, camisa verde y sombrero panamá, Barenboim llegó a las tres de la tarde, preguntándose en la sala en la que lo esperaban cámaras y periodistas si lo dejarían fumar: «imagino que no», se respondió. Una de las paradas de Barenboim en Europa iba a ser hoy en Madrid, en la Plaza Mayor, pero la «crisis se llevó por delante el concierto», aunque sí se mantiene el del 18 en Sevilla, la provincia española en la que la WEDO tiene la sede en la Fundación Pública Andaluza Barenboim-Said. Desde que comenzaron la gira «Beethoven for all» en el Teatro Colón de Buenos Aires, en 2010, tocan el ciclo completo por todo el mundo, y si el año pasado fueron ciudades asiáticas, este han sido europeas, empezando, el día 10, en Munich, Castel Gandolfo, ante el Papa, Versalles y Ginebra.
Tras Sevilla, irán a Londres, para interpretar en los Proms de la BBC, durante cinco días, las nueve sinfonías, y luego a Berlín y Salzburgo, donde concluirán el 2 de agosto. Beethoven, explica, es «la columna vertebral» de la orquesta desde que él y Edward Said la fundaran en 1999, porque, ha recordado, la primera vez que se reunieron en un ensayo fue para tocar su Séptima Sinfonía. Cada año interpretan a Beethoven porque su música tiene «de todo». «Es dramática, lírica, poética y nada superficial ni coqueta. Solo se ocupa de lo esencial y por eso es realmente un hilo conductor de la orquesta», detalla. La Divan es un proyecto «extraordinario» y «lo más importante» que Barenboim ha hecho en «toda su vida» no solo por el espíritu de conciliación entre judíos palestinos y árabes que la anima, sino porque esta orquesta «de primerísimo orden» busca la conexión entre la música «y todo lo demás».
«Nadie les fuerza a volver cada año a Pilas, donde ensayan y participan en talleres y proyectos educativos, y no lo hacen ni por lealtad ni agradecimiento sino porque es importante para ellos», ha recalcado. El proyecto, que primero se instaló en Weimar, luego en Chicago y en 2002 en Pilas (Sevilla), trata de desarrollar la curiosidad «para escuchar y oír el narrativo del otro» y, al mismo tiempo, ofrecer a sus miembros una educación musical «que no se da en las escuelas».
«Las escuelas de música son ahora muy técnicas y no hay contacto con ninguna otra esfera cultural. Están en una torre de marfil. ¿Cómo va a ir gente a los conciertos si no hay educación musical en los colegios?», se preguntó. El director cree que existen «cuatro niveles» de orquesta: las que tocan lo mejor que pueden y ni escuchan ni oyen; las profesionales, que tocan muy bien pero no se oyen los unos a los otros; las buenas, en las que escuchan lo que hace el otro y la Divan, «en la que no solo se escuchan sino que tienen sentido de la responsabilidad individual». Musicalmente, dice, la Divan es «el hijo natural de la Staatskapelle», la Orquesta Estatal de Berlín.
«Los miembros de la Divan han sido educados por músicos de la StaatsKapelle, en un espíritu y técnica que hemos desarrollado juntos. No hay diferencias de sonido entre el ciclo de Beethoven que grabé con los de Berlín (2000) y este», afirmó. Barenboim ha insistido de nuevo en que la Divan no es un proyecto político, sino humano, el de pueblos profundamente convencidos de tener el mismo derecho de vivir «en el mismo pequeño pedazo de tierra». «No hay otra solución que vivir juntos o lado a lado pero no espalda contra espalda», ha reiterado.
Los miembros de la Divan, ha precisado no son «chicos», sino músicos con edades entre los 15 a 43 años, que en los últimos años tocan, entre otras, en la Filarmónica de Berlín o en la Bavaria de Munich.


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