José Manuel de la Sota se vio con Jorge Busti como parte de su raid por Capital con dirigentes del peronismo anti-K.
El axioma se repite, como un chispazo de sabiduría, ante cada legislativa y ésta no es la excepción: no hay 2013 sin 2015. Por eso, anteanoche José Manuel de la Sota exploró con diputados del PJ disidente el diseño de un armado electoral para el año próximo.
Fue como parte de un raid del gobernador cordobés por Capital que, en tres turnos, pivoteó entre ese puñado de legisladores anti-K, el intendente Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, y el exgobernador de Entre Ríos Jorge Busti. El manual del perfecto díscolo.
Sin punto de retorno con la Casa Rosada, De la Sota intenta recortarse como el ordenador del PJ enfrentado o excluido por los K. «No somos anti-K, somos peronistas -dijo-. Ellos son Frente para la Victoria o Unidos y Organizados. Nosotros somos peronistas».
Fue durante un asado que ofreció a diputados nacionales. Al clásico staff bonaerense peronista que integran Graciela Camaño, Claudia Rucci, Eduardo Amadeo y Carlos Brown se sumaron el santafesino Carlos Carranza, el mendocino Enrique Thomas y, entre otros, la fueguina Esther Fadul.
La presencia de Juan Carlos Forconi, extensión de Jorge Obeid, fue una de las sorpresas. Pero el dato de más peso es la aparición de Francisco de Narváez, que estuvo acompañado por José «Pepe» Scioli, la diputada Mónica López, Gustavo Ferrari y Alfredo Atanasof.
De la Sota se convirtió en el paraguas para volver a integrar todas esas porciones sobre un imaginario que anima a los rebeldes: 2013 puede, dicen, convertirse en un nuevo 2009. Es decir, convertirse en un ring electoral que termine con una derrota K.
Por eso, la idea que sobrevoló la cena fue la voluntad para unificar un frente electoral contra el Gobierno que, de mínima, ensamble al peronismo disidente y al PRO. Ayer Ferrari, mano derecha de De Narváez, lo dijo explícitamente. Es, por ahora, un deseo.
Por lo pronto, en su paso por Capital, De la Sota exploró varias cuestiones:
Reiteró la idea de que su distanciamiento con la Casa Rosada es irreversible. Contó, en esa línea, que enfrenta un hostigamiento en la provincia por parte de los gremios que, presume, tienen vínculos con el Gobierno nacional. El frente de gestión, en ese aspecto, aparece agitado, aunque, sostiene, no parece tener efectos electorales para 2013. Según las encuestas que ma-neja el cordobés, el kirchnerismo en su provincia está detrás del PJ, el juecismo y la UCR.
El gobernador plantea, en simultáneo, que hay que observar lo que ocurre con el PJ nacional, que tiene fecha de renovación de autoridades para marzo del año próximo. Hay dos cuestiones al respecto: por un lado, que en 2013 el peronismo opositor necesitará tener un sello electoral para competir; por el otro, que el Gobierno podría disponer, desde el consejo partidario, medidas contra los dirigentes enfrentados con Cristina. De la Sota comparte esa condición con Cariglino: ambos comandan el PJ en sus distritos, pero advierten que, en medio de un rebrote de tensión, podrían sufrir represalias.
La cuestión partidaria sobrevoló también la cita de De la Sota con Busti. Se conocen hace tiempo: como gobernadores animaron, en su momento, la región centro como polo de poder contra el centralismo de Balcarce 50. El cordobés volvió a controlar su provincia; Busti combate a Sergio Urribarri y tiene, el año próximo, que buscar la reelección de su esposa, Cristina Cremer, como diputada nacional. Todo forma parte del mismo esquema: constituir una confederación de peronismos anti-K que enfrente al oficialismo en todas las provincias.
La otra cuestión, latente, es cómo ordenar la provincia de Buenos Aires, el foco central de cualquier aventura que pretenda incomodar a la Casa Rosada. De Narváez dijo que está dispuesto a competir en la primaria contra otro y otros candidatos del espacio anti-K. Pareció un mensaje para el macrismo, que ve cómo se disuelve el plan Michetti. Algo parecido piensa Cariglino, que había avanzado en la convivencia con Mauricio Macri, pero esa cercanía se enfrió. Al grueso de los diputados del peronismo disidente se le termina, en diciembre de 2013, el mandato. El denarvaísmo pierde a casi todo su bloque, empezando por De Narváez, que, en caso de ser candidato, registrará el récord de ser candidato durante cinco elecciones consecutivas, desde 2005 en adelante.
«En la provincia podemos repetir el 2009», se envalentonan los peronistas que leen el cacerolazo de la semana pasada como un indicio de deterioro electoral de Cristina. Advierten, de todos modos, que parece más complejo reeditar la oferta opositora de aquel año y, además, asumen que dos de las figuras con peso electoral del dispositivo K, Daniel Scioli y Sergio Massa, van a terminar jugando en el esquema del FpV.
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