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De Narváez-Moyano, chispazos por la lapicera y el día después
Francisco de Narváez y Felipe Solá
Así y todo, anoche la marca que llevará a las urnas el pacto anti-K entre Francisco de Narváez, Hugo Moyano, La Juan Domingo y, con altas chances, el macrismo territorial incluirá ese término y una palabra que el peronismo invoca como un sinónimo de su identidad: trabajo.
Finalmente, el nombre que mañana se inscribiría en la Justicia sería Frente para la Libertad y el Trabajo luego de una disputa semántica que esconde una cuestión más delicada: De Narváez pretende reservarse para sí el control de la lapicera en la inscripción de listas.
Fue el factor que premeditadamente contaminó la negociación con los caciques del PRO territorial Gustavo Posse (San Isidro), Jorge Macri (Vicente López) y Jesús Cariglino (Malvinas), a los que el denarvaísmo quiere en su espacio pero sin la "carga" de tener un acuerdo con Mauricio Macri y, lo que es más espinoso, sin compartir la firma de apoderado.
En 2009, Felipe Solá lo padeció. En el acuerdo con De Narváez y Mauricio Macri no llegó a sentar a un "Landau" en la mesa, y pagó esa distracción -luego se dijo que le tendieron una emboscada horaria- en el momento del cierre de listas.
Sellos
Anoche, los cófrades cenaron en un restorán de Puerto Madero y discutieron esos puntos. Por lo pronto, el Frente para la Libertad y el Trabajo será la alianza transitoria entre el Unión Celeste y Blanco, partido denarvaísta cuyo apoderado es Fernando Rozas, el Partido Federal que también tiene De Narváez, el Partido por la Cultura, la Educación y el Trabajo de Moyano, firma que lleva Octavio Argüello, como sellos principales, al que luego se podría agregar el PRO bonaerense (el abogado es Juan Pablo Clusellas) y un partido aportado por La Juan Domingo de Baldomero "Cacho" Álvarez, que maneja el Partido Popular.
Los vaivenes en torno a Gerónimo "Momo" Venegas tiene otro volumen. El jefe de UATRE tuvo diferencias con De Narváez que podrían allanarse vía Moyano.
Todos esos actores piden juego en las boletas que, precavido, De Narváez quiere controlar con una sola firma, la suya, para ser el demiurgo que autoriza las boletas.
El comportamiento de De Narváez está cruzado por una certeza: el acuerdo con Moyano y La Juan Domingo, más aún con el PRO parece condenado a ser efímero por lo cual el 10 de diciembre los electos tendrán su propia identidad.
Todos los protagonistas de esa mesa admiten, en reserva, que se trata de una confluencia funcional producto de la exclusión del dispositivo K sufrida por el moyanismo y los peronistas juandominguistas.
De Narváez debe garantizar espacios para Gustavo Ferrari, Natalia Gambaro y Alfredo Atanasof; Moyano pide para Argüello, Omar Plaini y "una dama"; la Juan Domingo espera cobrar al menos una vacante que sería para Osvaldo Goicochea, el PRO territorial pide una banca nacional para el possista Roberto Costa y hasta De la Sota pide un lugar para su gente, a modo de pago por haber funcionado como el lazarillo que llevó al peronismo disidente, que esperaba a Sergio Massa, a negociar y pactar con De Narváez.


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