Debajo de la línea de pobreza

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Ese final «de terciopelo», brillante pero delicado, a que hacíamos referencia sobre la rueda del viernes (en virtud de un alza notable, pero con fuerte contracción de volumen) ayer se convirtió en una rueda tramada con órdenes «de arpillera». Para poner los pelos de punta, no sólo a los tesoreros de Bolsa y Merval, y a pesar del atenuante de un feriado en Wall Street que dejó al circuito mundial sin su motor principal.
Lo que sucedió con las cotizaciones estuvo en línea con lo visto en demás mercados actuantes.
A partir de Europa que acusó descensos en torno del 1% de promedio. Y en la misma situación terminó aterrizando el Bovespa, también en esa medida bajista. Lo que se extendió hacia el recinto porteño y donde el Merval completo rozó el 1% de caída final, quedando en «1.123» unidades. Mientras que el listado de las locales se movió algo menos, quedando en un 0,7% de desmejora.
La baja fuerte de Molinos Río, casi el 4%, excedió el marco de un día que fue más bien intrascendente, antes que degradado en sus precios. Pero, donde las agujas saltaron de su órbita, fue en el total de negocios.
¡Apenas 3 millones de efectivo en acciones! Por las dudas, mejor pasarlo a letras -por si no se cree-, ¡fueron tres millones de pesos en órdenes de un día completo! (Curiosamente, es justamente lo que cotiza una sola acción, del Mercado de Valores.)
Menos de lo que cuesta algún inmueble, en zona más o menos importante.
Unos 900.000 dólares, ubicando a la Bolsa de Buenos Aires en indigencia total de capital de riesgo local. Y como para declarar un tipo de actividad en «estado de emergencia», ante la sequía. Grave, pero más todavía: penoso. La Bolsa, desnuda.

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