8 de noviembre 2013 - 00:00

Debuta una “Cenicienta” poco usual en el Colón

El italiano Zanella, descubridor y auténtico motor del renacimiento de  la “Cenicienta” de Johann Strauss II.
El italiano Zanella, descubridor y auténtico motor del renacimiento de la “Cenicienta” de Johann Strauss II.
Antes del final de temporada con "El lago de los cisnes", el Ballet Estable del Teatro Colón dirigido por Lidia Segni propone a partir de mañana un estreno local: el ballet "Cenicienta", con coreografía del italiano Renato Zanella sobre la partitura de Johann Strauss II. Los protagonistas serán Nadia Muzyca (9 y 13), Karina Olmedo (10 y 14) y Natalia Pelayo (12 y 15) como Greta, Federico Fernández (9, 13), Juan Pablo Ledo (10) y Edgardo Trabalón (12, 14, 15) como Gustav; el elenco se completa con Alejandro Parente y Matías Santos personificando alternativamente a Strauss, Paula Cassano, Larisa Hominal, Daiana Ruiz y Manuela Rodriguez Echenique como las Hermanastras, e Igor Gopkalo como la Madrastra. Participará la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires dirigida por el suizo Emmanuel Siffert. Dialogamos con Zanella:

Periodista: ¿Es su primera visita a Buenos Aires?

Renato Zanella:
No, había estado cuando integraba el Ballet de Stuttgart, en el 87. Bailamos aquí, en el Colón. Haber podido regresar me da mucha emoción y responsabilidad.

P.: Usted ha incursionado también en la puesta en escena de ópera. ¿Cómo se relacionan ambos mundos en su creación?

R.Z.:
Cada año pongo en escena una ópera. Lo considero complementario a mi trabajo como coreógrafo. Me enriquece porque hay otros elementos al margen de la voz y la música, como la dramaturgia y la dirección de actores que muchas veces en el ballet están poco desarrollados.

P.: ¿Cuándo, cómo y por qué una Cenicienta?

R.Z.
: En 1999 conmemoraba el centenario de la muerte de Strauss II, de manera que era la oportunidad de homenajear a quien había hecho tanto por la música y la danza en un período importante de la historia de Europa. Yo quería trabajar sistemáticamente sobre ballets narrativos, pero sin entrar en el repertorio ruso. Así encontré esta partitura, única y rara, el único ballet que había hecho Strauss, que estaba un poco olvidado, y espero que el público tenga claro que no verá la "Cenicienta" de Prokofiev, porque la música está casi en el lado opuesto. En esa época me encontraba en una gran compañía, en la Staatsoper de Viena, de casi noventa bailarines, que tenía necesidad de repertorio. Me gustó la idea de resaltar la figura de un músico tan importante en la historia de Viena, que en el final de su vida dedicó una creación al ballet.

P.: ¿Cómo se desarrolló su trabajo con el Ballet del Colón?

R.Z.:
La preparación estuvo hecha por mi asistente Benito Marcelino, colega del Ballet de Stuttgart. Encontré una compañía muy bella. Hay un trabajo de adaptación porque las dimensiones aquí son mayores. Los tres elencos son interesantes, cada uno encontró su propia manera de interpretar sus papeles. Argumentalmente sigue la línea del cuento pero musicalmente hay una gran diferencia. Me interesó el hecho de que Strauss murió mientras escribía este ballet, en Viena no fue reconocido inmediatamente por esta creación debido a un cambio político en la Ópera y el estreno tuvo lugar en Berlín, por eso la idea de que Strauss vuelve como una nube y concluye su obra.

P.: ¿Cuál es el origen de la partitura de Strauss?

R.Z.:
"Cenicienta" surge del encargo de hacer un ballet sobre un tema moderno. Strauss lo hace de mala gana porque con el ballet no se ganaba mucho dinero, como siempre, y el tema moderno de aquella época eran las nuevas casas de moda que llegaban a Viena desde París. Los nombres están todos asociados al francés, y la historia se desarrolla en el ambiente de la moda: él es una estrella del diseño, ella es también una artista que querría triunfar y la madre es la propietaria de una casa de moda.

P.: ¿Cuáles son sus influencias principales como creador?

R.Z.:
Soy un producto del Ballet de Stuttgart de los años 80. Nací trabajando con los que trabajaron ahí. Absorbí el repertorio de Cranko pero también tuve a John Neumeier, Jiri Kylián, Mats Ek, William Forsythe y otros. Vivir esta creatividad da mucho impulso. Ésa es mi identidad. En el ballet narrativo Cranko está en mi carne, e intento no alejarme de eso.

Entrevista de Margarita Pollini

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