- ámbito
- Edición Impresa
Definamos, por favor
- ¡No puede ser querido, no puede ser!... Hace diez meses que nos juegan todos igual y no le encontramos la vuelta. Jugamos para los rivales, al ritmo que les conviene a ellos.
A los 24 minutos, una escapada del Chori por la izquierda no terminó en gol de milagro, por un flojo remate de Cavenaghi a la hora de definir. ¡Pegále de zurda, Fernando! ¡¡¡No puede ser que no le pegue nunca de zurda...!!!.
River se fue al vestuario sin mostrar siquiera un arrastre del buen rendimiento frente a Instituto.
- ¡¡¡Parece que jugamos bien sólo con los que nos dejan hacerlo viejo!!!. A los 4 minutos una buena escapada del Maestrico González casi se mete junto al palo.
- ¡¡¡Goooo... Nooo!!!. ¡Se metía, se metía! ¿Viste al arquero? Se quedó parado mirándola pasar...
¡Al final el Maestrico le hizo caso a Almeyda y encaró, viejo! Porque para parar la pelota y tocarla cortito atrás, entro yo con los jeans, las botitas de gamuza y hago la misma.
A los 8 minutos Díaz se fue al ataque y de contra casi abre el marcador Aldosivi. ¡Cuidado, cuidado! ¡Nos descuidamos siempre y la terminamos pagando!. A los 15 minutos claro penal a Cavenaghi, que convirtió en gol el Chori Domínguez.
- ¡Penal, penal! ¡Sí, Lunati, sí... al fin una! ¿Quién dice que no fue penal? ¿Qué el defensor toca la pelota? ¿Dónde, cuándo? ¡Ya lo repitieron siete veces y no la tocó en ninguno!... ¡¡¡Gooolll!!! ¡¡¡Vamos River, a definir, a definir y listo!!!.
A los 19 minutos roja para Briones por violento foul a Trezeguet.
- ¡Ya está, si nos serenamos ya está, porque tienen que salir y entonces los liquidamos!
A partir de ahí River contó con 20 minutos para definir el partido y no lo hizo. Falta de precisión, exceso de confianza, egoísmo.
- ¡Basta de patear al arco cada uno cuando entran por el medio! Definamos de una vez por todas, River. Nos van a embocar de chiripa si seguimos «sobrando». Esta película ya la ví más veces que La Novicia Rebelde!
Sobre los 39 minutos un tiro libre a favor de Aldosivi caía bombeado sobre el área de River. Una serie de desinteligencias y Matías Gigli de cabeza empataba el partido.
- ¡La p... que me parió! ¡¡¡Te lo dije, te lo dije!!! Nos van a embocar con esos goles «bosteros» de piñata! ¡Siempre la misma historia! ¡Ahora, a llorar a la catedral!.
Se fue otra oportunidad de afianzar el ascenso directo y de nuevo el entretenimiento preferido: perder puntos «solitos».
Otra vez a remar y a rezar para que este suplicio se termine de una vez y para siempre.
-¡¡¡Definamos los partidos, por favor se lo pido!!!.
