24 de marzo 2011 - 00:00

Delirio ideal para fans del fantástico

Aun en su incongruencia, «Sucker Punch-Mundo Surreal» es imperdible para los amantes del cine fantástico por sus formidables estética y técnica.
Aun en su incongruencia, «Sucker Punch-Mundo Surreal» es imperdible para los amantes del cine fantástico por sus formidables estética y técnica.
«Sucker Punch-Mundo surreal» (Sucker Punch, EE.UU., 2011, habl. en inglés). Dir.: Z. Snyder. Int.: E. Browning, V. Hudgens, A. Cornish, J. Malone, C. Gugino, J. Hamm, S. Glenn. 

Antes que nada, hay que considerar que la nueva película del director de «Watchmen» y «300», más que un drama fantástico, es un homenaje a la estética de la década de 1990, al punto de que casi podría ser confundida con una producción de MTV. «Sucker Punch» empieza con una especie de clip describiendo las desventuras de su protagonista, Emily Browning, con fondo musical de «Sweet Dreams» de Annie Lennox y Eurythmics, que culmina cuando la pobre chica es encerrada por su padrastro en el instituto Lennox para enfermos mentales. Obviamente a partir de este detalle, el espectador debe asumir que está ante un delirio absoluto donde todo está permitido, siempre y cuando haya chicas en minifaldas luchando contra el mal en sus formas más absurdas.

La acción tiene varios niveles de realidad, empezando por el mundo real, es decir el manicomio donde la protagonista está encerrada sabiendo que en cinco días será lobotomizada. Es que corren los años 50, donde esa práctica era común en mujeres díscolas con supuestos problemas mentales. Luego, en el manicomio, hay otro nivel de realidad donde transcurre la mayor parte de la acción, la de un burdel alucinado por la protagonista donde la doctora y enfermeros del manicomio se transforman en madama y cafishos. En ese burdel, las pupilas deben bailar para atraer la atención de los clientes y, Oh sorpresa, la que mejor baila es justamente la protagonista, ahora llamada Babydoll por su look de colegiala al mejor estilo de animés como «Sailor Moon». El espectador jamás ve bailar a Babydoll (este dato es lo que vuelve casi magistral al film, por más desparejo que sea), y en cambio sólo ve los extraños trips mentales que, durante cada danza, la llevan junto a sus amigas a combatir en batallas distorsionadas, violentas y psicodélicas que la pueden llevar a una trinchera de la Primera Guerra Mundial enfrentando robots alemanes, o matar dragones y orcos del mundo de Tolkien, o al Japón contra gigantescos demonios samurais.

Cada una de estas secuencias de «baile» está construida sobre temas musicales remixados especialmente para la ocasión, con algunas gemas en cuanto a la originalidad del uso de la música en el cine, como lo que Snyder hace con canciones de Jefferson Airplane o Bjork.

Como fantasía feminista, «Sucker Punch» puede resultar demasiado adolescente e incluso bastante histérica en su sexualidad jamás consumada, pero las soberbias visiones de otros mundos que plasma el director en cada una de estas escenas simplemente quitan el aliento, y en algunos casos provocan ganas de volverlas a ver inmediatamente.

Aun en su incongruencia dentro del género del absurdo, son estas imágenes alucinantes en lo estético y técnico lo que sirve para recomendarla imperativamente a todo fan del género fantástico.

D.C.

Dejá tu comentario