7 de diciembre 2009 - 00:00

Deslumbró el español Nacho Duato con tres potentes coreografías

Uno de los bailarines de «Castrati», la primera de las tres brillantes obras de su director, Nacho Duato, que interpretó la Compañía Nacional de Danza de España en el Teatro San Martín.
Uno de los bailarines de «Castrati», la primera de las tres brillantes obras de su director, Nacho Duato, que interpretó la Compañía Nacional de Danza de España en el Teatro San Martín.
Compañía Nacional de Danza de España. Dir. art.: N. Duato. En programa: coreografías de N. Duato. (Teatro San Martín. Nuevas funciones: 9 al 13/12).

El bailarín y coreógrafo valenciano Nacho Duato ha impuesto a la Compañía Nacional de Danza de España, que dirige desde 1990, el sello de su personalidad y transformó lo que fue creado en 1979 como «Ballet Nacional» en una compañía de danza contemporánea. En una visita anterior había demostrado no sólo la calidad técnico-anímica de este ballet sino también la trascendencia de sus preocupaciones creativas a través de algunas obras de gran imaginación.

Esta vez, Duato presenta tres obras propias en las que la danza de impronta contemporánea y aliento camarístico se relaciona con tres momentos de la historia. Con una estética despojada en lo visual creó entornos lúgubres y texturados, y luces que valorizan los contrastes.

«Castrati», primera instancia del discurso, se ocupa del universo cruel de los cantantes castrados en las instancias previas a la mutilación. Ballet masculino, energético y sensual, en él se delinean las coordenadas coreográficas que teñirán las dos obras restantes. Sombrío e inquietante, «Castrati» muestra al hombre en una encrucijada donde lo físico refleja la angustia de una costumbre social inhumana.

«Por vos muero», la segunda obra, sigua inmerso en la atmósfera asfixiante de lo secreto aunque el ánimo se vuelva un poco más festivo con la cuitas del amor cantadas por Garcilaso de la Vega. Parejas nocturnales que van y vienen, se arman y se desarman, en la exposición de un lenguaje personal y de potente carga psíquica. Rigurosa, la Compañía Nacional española exhibe una calidad técnica de primera para encarar esas entradas y salidas rápidas, para los adagios amorosos y para las compulsiones derivadas de la música de los siglos XV y XVI de una España galante.

La tercera instancia de la mirada implacable de Duato sobre distintas épocas se concreta en «White Darkness», sobre música de Karl Jenkins. Si la obra es abstracta como se empeña en decir Duato de cada una de ellas, referencia el mundo de la droga que cae, literalmente, como una catarata blanca sobre los cuerpos de los jóvenes bailarines. Otra vez el lenguaje del coreógrafo es altamente expresivo y funcional a la visión descarnada que quiere mostrar a su público.

Los roles principales como los secundarios están trabajados con una escritura exacta y acrobática en su elasticidad. Nacho Duato termina así el primer manifiesto dancístico de esta nueva visita, con un tono grave y austero. A partir del miércoles entablará uno nuevo, con otras tres instancias que, se intuye, tendrá características similares.

E.G.

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