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Despiden a Petracchi en ceremonia reservada
En medio de puros de calidad y whisky añejo, animó diversas conversaciones sobre la Justicia y la política. Recordó que cuando la Corte se redujo a cinco miembros durante la administración de Néstor Kirchner el había estado a favor pero que en los últimos tiempos no estaba tan seguro porque las áreas del derecho eran variadas y requerían expertos de perfil distinto y porque, en caso de duros debates, el número de tres para constituir mayorías tenía gusto a poco.
Fue el último presidente que tuvo la Corte antes de la asunción de Ricardo Lorenzetti. Varias de las políticas que definen el estilo de este último comenzaron durante su mandato: la publicidad de las causas, la informatización de los expedientes y, como un detalle casi colorido, el final de las chapas blancas para los autos de los ministros de la Corte.
Tenía incluso en mente una idea que nunca llegó a materializarse que consistía en dar a conocer el tránsito de los expedientes por las vocalías en tiempo real para que los abogados conocieran qué ministro atendía sus causas según el momento.
Ayer por la noche fue velado en su domicilio por pedido de su familia que requirió no organizar el velorio en sede de la Corte Suprema como había sucedido con Carmen Argibay. Hoy el entierro tendrá lugar en el cementerio de la Recoleta.
El año pasado recibió la conmemoración por sus treinta años en la Corte. Idéntico reconocimiento fue para su eterno adversario en el tribunal, el socialista Carlos Fayt. Tenían un modo diametralmente opuesto para entender la política y, por fuera de esto, se enfrentaban con frecuencia en los expedientes en los cuales firmaban.
Petracchi se vestía como un dandy, nunca abandonó el uso del sombrero y se aficionó particularmente por la caza, disciplina en la cual lo han acompañado distintos jueces del fuero federal a largas excursiones.
Disfrutaba particularmente de los libros y tenía una capacidad envidiable de recordar citas textuales de Nicolás Maquiavelo.


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