Estados Unidos es una de esas tierras donde muchos se aventuran en la búsqueda de un negocio que les permita ganar millones de dólares. Si bien varios lo consiguieron, pocos llegaron al nivel de Elon Musk, quien logró convertirse en la persona más rica, no solo del país, sino de toda la historia.
Los millones de Elon Musk siguen liderando: quiénes son las 3 personas más ricas de toda la historia
El empresario sudafricano ha superado a dos leyendas de la industria norteamericana, consiguiendo el mayor patrimonio de la historia del país.
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El magnate tecnológico es quien domina este prestigioso ranking.
El empresario, abocado a la tecnología, logró romper distintas marcas y le quitó ese lugar a una de las personas más influyentes en el ámbito económico de todo Norteamérica. Ni el petróleo o la industria de la construcción pudieron superar al magnate sudafricano, quien solo agiganta su legado con el paso del tiempo.
Cómo Elon Musk se convirtió en el hombre más rico de la historia
Elon Musk encabeza el ranking con una fortuna estimada en 700 mil millones de dólares. Ese número no proviene de ingresos directos sino del valor de sus participaciones en empresas, principalmente Tesla, donde en distintos momentos mantuvo cerca del 13% de las acciones. Cada variación impacta de forma directa en su patrimonio personal.
El primer paso de su carrera empresarial fue Zip2, una empresa de software que ofrecía herramientas digitales a medios de comunicación. En 1999, la compañía fue vendida a Compaq por 340 millones de dólares, por lo que el sudafricano recibió alrededor de 22 millones. Ese dinero fue clave porque le permitió iniciar nuevos proyectos sin depender de financiamiento externo.
Con ese capital fundó X.com, una empresa de servicios financieros online que luego se fusionó con Confinity y pasó a operar como PayPal. En 2002, eBay compró la compañía por 1.5 mil millones de dólares en acciones, y la participación de Musk en esa operación fue de aproximadamente 180 millones, lo que le dio liquidez suficiente para avanzar hacia inversiones de mayor escala.
Después de la venta, destinó parte de ese dinero a sectores que en ese momento no tenían resultados asegurados. En 2004 ingresó como inversor en Tesla, cuando la empresa todavía estaba en una etapa inicial y no había demostrado su capacidad para producir autos a gran escala. Con el tiempo, asumió un rol central dentro de la compañía y pasó a ser su principal figura.
Tesla salió a bolsa en 2010 con una valuación cercana a los 1.7 mil millones de dólares. A partir de ese momento, la empresa creció dentro del mercado de autos eléctricos hasta alcanzar una capitalización superior al billón de dólares en sus picos, lo que multiplicó el valor de las acciones en manos de Musk.
En paralelo, fundó SpaceX con el objetivo de desarrollar cohetes reutilizables y reducir costos en los lanzamientos espaciales. La empresa consiguió contratos con la NASA para el transporte de carga y tripulación hacia la Estación Espacial Internacional, además de acuerdos con compañías privadas para el envío de satélites.
SpaceX alcanzó valuaciones superiores a los 100 mil millones de dólares como empresa privada. A esto se sumó Starlink, un sistema de internet satelital que amplió el negocio al ofrecer conectividad en distintas regiones del mundo, generando una nueva fuente de ingresos dentro del mismo grupo.
También impulsó otros proyectos como Neuralink, orientado al desarrollo de interfaces cerebro-computadora, y The Boring Company, enfocada en infraestructura de transporte. Si bien estos emprendimientos tienen menor peso dentro de su patrimonio, forman parte del conjunto de activos que explican el volumen total de su fortuna.
El primer multimillonario de Estados Unidos: la historia de John D. Rockefeller
John D. Rockefeller ocupa el segundo lugar del ranking, con una fortuna (ajustada a la inflación actual) de 630 mil millones de dólares. Su riqueza estuvo vinculada al petróleo, un recurso que durante el siglo XIX se convirtió en uno de los motores principales de la economía estadounidense.
Su actividad comenzó con una inversión de 4.000 dólares en una refinería en Cleveland. A partir de ese punto, expandió su negocio mediante la compra de otras refinerías, lo que le permitió concentrar producción y reducir costos operativos en comparación con sus competidores.
La creación de Standard Oil marcó el momento en el que su negocio pasó a tener escala nacional. La compañía llegó a controlar cerca del 90% del mercado petrolero en Estados Unidos, lo que le permitió manejar tanto la producción como la distribución de derivados del petróleo.
Una de las claves de su crecimiento fueron los acuerdos con compañías ferroviarias, que le ofrecían tarifas más bajas para el transporte de petróleo. Esa ventaja le permitió operar con costos menores y seguir incorporando competidores a su estructura.
El modelo también incluyó el control de distintas etapas del proceso, desde la refinación hasta la comercialización, lo que le dio mayor previsibilidad sobre precios y volúmenes. Esa estructura le permitió sostener su posición durante varios años dentro del mercado.
En 1911, la Corte Suprema de Estados Unidos ordenó dividir Standard Oil en 34 empresas por prácticas monopólicas. Rockefeller conservó acciones en cada una de esas compañías tras la separación, lo que implicó que su patrimonio quedara distribuido en distintas firmas que siguieron operando dentro del mismo sector.
Entre esas empresas surgieron compañías que con el tiempo se transformaron en grandes petroleras, como Exxon y Chevron. La suma del valor de esas participaciones representó una parte importante de su riqueza total en los años posteriores a la división.
Uno de los hombres más ricos de todos los tiempos: quién fue Andrew Carnegie
Andrew Carnegie aparece en el tercer lugar del ranking, con una fortuna ajustada estimada en 459 mil millones de dólares. Su riqueza estuvo ligada a la industria del acero, un sector clave para el desarrollo de infraestructura en Estados Unidos durante el siglo XIX.
Su modelo de negocio se basó en controlar distintas etapas de la producción, desde la obtención de materias primas hasta la fabricación final. Esto le permitió reducir costos y producir grandes volúmenes de acero de forma sostenida.
A través de Carnegie Steel, logró consolidar una de las empresas más grandes del sector. La compañía abastecía la demanda de acero para ferrocarriles, puentes y construcciones, que crecían a medida que avanzaba la expansión económica del país.
El aumento de la infraestructura en Estados Unidos generó una demanda constante de acero, lo que permitió a la empresa mantener niveles altos de producción durante años. El momento más importante de su carrera llegó en 1901, cuando vendió la compañía a J.P. Morgan. La operación se cerró por 303 millones de dólares, aunque el valor total alcanzó los 480 millones al incluir intereses asociados a los bonos utilizados en la compra.
De ese total, Carnegie recibió más de 225 millones de dólares en bonos de U.S. Steel. Esos papeles le generaban ingresos anuales a través de intereses, lo que le permitió mantener una fuente de dinero constante luego de dejar la actividad empresarial.
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