2 de noviembre 2011 - 00:00

Después de Antígona Vélez, llega una Salomé de chacra

Osqui Guzmán: «El actor poeta es aquel que puede narrar en términos poéticos físicos. El actor tiene su propia dramaturgia, su manera de contar».
Osqui Guzmán: «El actor poeta es aquel que puede narrar en términos poéticos físicos. El actor tiene su propia dramaturgia, su manera de contar».
El actor Osqui Guzmán debuta mañana en el Teatro San Martín con «Salomé de chacra», de Mauricio Kartun, junto a Manuel Vicente, Stella Galazzi y Lorena Vega. Podrá verse de miércoles a sábado a las 21 y los domingos a las 20. Conversamos con él, entre otros temas, sobre la experiencia de trabajar junto a Kartun, con quien también había hecho «El niño argentino».

Periodista: ¿Como es esta adaptación criolla del mito de Salomé? ¿Sería una traslación de la danza de los siete velos a La Pampa?

Osqui Guzmán:
Cuando Salomé pide la cabeza de Bautista en bandeja de plata, luego de su danza, lo hace pues el hombre tiene el don de la palabra perfecta, implacable y preciosa. Eso es lo que se traslada al campo en la versión de Kartun, con Salomé como la hija de un chacarero, que en un día de faena hace exactamente lo mismo y pide la cabeza de Bautista, que es un ácrata y tiene los mismos dones de aquel.

P.: Kartun lo definió como actor poeta a diferencia del actor verdadero, ¿a qué se refiere?

O.G.:
Son conceptos que él maneja. Hay un ejemplo clarísimo que me deslumbró en «Apocalypse Now», cuando Marlon Brando hace su monólogo arrodillado, con un plano fijo, y en un momento dado caza una mosca en el aire y la suelta. Eso no estaba en el guión, simplemente sucedió y Brando lo tomó para resignificarlo porque iba con el personaje. El actor poeta es aquel que puede narrar en términos poéticos físicos. El actor tiene su propia dramaturgia, su manera de contar y su cuerpo es lo que el público ve antes de que escuchar lo que tiene para decir. Si cuenta con su cuerpo, lo que sigue va a entrar más fácil al espectador.

P.: ¿En qué se acerca y en que se aleja esta obra de «El niño argentino», que también transcurre en el ámbito rural?

O.G.:
Se acerca en el mundo que Kartun ama y lo rodea en sus fantasmas porque conoce mucho, y es el mundo del campo. Es donde nació y se crió, además su padre trabajaba en el Mercado del Abasto y siempre estuvo en contacto con el trabajo rural. Pero esta obra se aleja de la estética del «Niño argentino»; es más rara, de una rareza poética, se anima a contar una tragedia en términos chabacanos, tiene una mezcla de hombre de la calle y hombre de la cultura muy poderoso. Se manejan un lenguaje y una lírica que hace insólitos a los personajes.

P.: ¿Qué diferencia hay entre este trabajo y el de «El centésimo mono», que agregó funciones en La Carpintería?

O.G.:
Bueno en esa fui convocado por magos para escribir y dirigir. Estamos sorprendidos y agradecidos por la repercusión porque desde que estrenamos estamos a sala llena. Me llamó la atención el mundo íntimo del mago, por qué a alguien, en un mundo donde todo marcha en la misma dirección, se le ocurre ser mago.

P.: ¿Qué balance hace de su paso por la TV?

O.G.:
Que en televisión el tiempo es tirano, es así. Queda lo que queda, no se mide si se hace un buen trabajo sino lo que es eficaz o no. Trabajaría en TV porque cuando participé la pasé muy bien, sobre todo cuando esperaba para grabar y charlaba con amigos, donde surgieron proyectos para teatro. Mi lugar es el teatro, porque tiene tiempos de investigación y además es para lo que estudié. En TV hay que resolver. Uno es más artesanal y el otro más industrial.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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