- ámbito
- Edición Impresa
Detonó Carrió y dejó la mesa de candidatos UNEN
Elisa Carrió pasó por el recinto de Diputados por la tarde, cuando ya había anunciado su salida de UNEN nacional. Se ubicó allí junto a Fernando Sánchez: hubo risas y luego un cruce con Julio Cobos.
Hay un tramo de la verborragia de ayer de la chaqueña que resume todo: "Está bien que la UCR haga lo que le parece, que vayan hasta donde les va. Pero yo no me suicido. Me retiro de UNEN nacional, aunque no voy a romper la única posibilidad que tiene la Argentina. Voy a trabajar en provincia y peleo por la Capital con Martín Lousteau y Fernando Sánchez".
Es decir, Carrió se fue de la candidatura, sin sacar su partido de UNEN y apoyando a sus candidatos en la Capital.
Despues de esa definición vino una metralla con frases que, seguramente, ella misma deseó anoche no haber dicho nunca.
En medio de la ruptura hay tres historias imprescindibles para entender lo que sucede y cómo puede seguir influyendo en el futuro.
Carrió está convencida de que con un triunfo de Daniel Scioli o de Sergio Massa, todo el peronismo volverá a encolumnarse detrás del ganador, cualquiera sea la división del PJ de donde provenga. Separa de ese grupo sólo a algunos integrantes de La Cámpora, a los que ve junto a Cristina de Kirchner desde un bloque en Diputados.
Al resto del peronismo Carrió lo ve como uno solo; como el que pasó por el menemismo y luego se reconvirtió en duhaldismo y kirchnerismo, o el que abandonó a Eduardo Duhalde cuando el sol santacruceño calentó mejor. Desde esa base cree que "aflojarle" al PJ y confundir los roles de la oposición puede ser peligroso.
Gerardo Morales, José Cano, Nito Artaza, el fueguino Federico Sciurano, intendente de Ushuaia (la lista es mas grande), todos con acuerdos y foto con Massa, son colaboracionistas de esta tesis que sostiene de abandono del radicalismo en manos del peronismo. Los acusa de hacerlo para mantener sus cuotas en cada provincia, no reconocer que con esos acercamientos le hacen un favor a Massa, necesitado de nuevas conquistas políticas en los últimos meses y rifar la opción electoral.
Enfrente, debe decirse, Carrió apuesta a que la pelea con el PJ esta sólo en manos de un acuerdo con Mauricio Macri. Es decir, ella también mira para afuera de UNEN. Suma a esa idea a los radicales Ernesto Sanz y Oscar Aguad, casi amigos personales de la chaqueña, aunque retándolos también en estos días por no haber sido más contundentes en la cumbre de la UCR en San Fernando.
Ese razonamiento está acompañado de otra historia que la exaspera. Carrió no quiere escuchar más cuestionamientos de algunos integrantes de UNEN, sobre todo de los que vienen de la provincia de Buenos Aires. Se niega, y lo reconoce en privado, a las críticas de Margarita Stolbizer. La resistencia de Fernando Pino Solanas a algunas de sus ideas "ya la cansó. Siempre dudó de Julio Cobos, pero ahora lo acusa directamente de accionar sobre otros integrantes de UNEN en su contra. En especial, sobre Humberto Tumini, para que la critique. Se lo repítió ayer cuando se encontraron en un pasillo de Diputados en medio de la sesión. "¡Vos sos el culpable de que me haya ido!...", le gritó. "No voy a permitir que me faltes el respeto a mí y a mí familia...". En el medio, Carrió le recordó al mendocino el haber sido vicepresidente de Cristina de Kirchner y lo acusó de estar involucrado en el financiamiento de campaña y las acusaciones sobre la efedrina. Está claro que el ambiente de UNEN ya no estaba para Carrió.
Hubo una última escena que definió la explosión de la chaqueña. Carrió está convencida desde hace años (inclusive antes del Gobierno de Fernando de la Rúa) de la existencia de un pacto entre el radicalismo y el peronismo de la provincia de Buenos Aires. La parte débil en ese acuerdo, dice, es la UCR, que depende del Gobierno peronista bonaerense de turno: centenares de cargos en toda la provincia siempre están en juego.
En ese acuerdo ubica a Ricardo Alfonsín y a Miguel Bazze (que ayer dijo que ella debía abandonar "actitudes caprichosas y personalistas"). Más lejos, también dibuja a históricos de ese ejercicio bipartidista como Federico Storani. El lunes, cuando le relataron lo que había sucedido en el encuentro de la UCR en San Fernando, Carrió estalló. Creyó que el discurso de Storani, inicial y determinante, para frenar cualquier declaración a favor de una competencia con otros candidatos, era una prueba más del eterno acuerdo entre radicales y peronistas bonaerenses llevando al resto del radicalismo de las narices.
Queda pendiente, tras el estallido de ayer, una evaluación de daños en UNEN. En los últimos tiempos los tiros iban tan hacia arriba que debería razonarse si Carrió sumaba o complicaba al grupo.
Lo mismo sucede con ella misma: las próximas semanas indicarán si ganó, dejando la repetida foto de los 5 candidatos presidenciales de FAUnen, o se compró un pase a una de sus temporadas de aislamiento. Por ahora proclama que no va a jugar a la presidencial, que se retira de la mesa de candidatos de UNEN, anuncia que no le resultaría demasiado extraño participar en una PASO con Mauricio Macri y acusa a los bonaerenses. El resto es pura obviedad. Que todo movimiento de Carrió produce roturas es una verdad política verificable en al menos una decena de ocasiones. También lo es que tras los estallidos reconsidera e intenta arreglar algunos platos rotos y volver las cosas a su cauce.Ayer lo hizo por la tarde cuando firmó un comunicado donde anuncia, junto a la firma de Pablo Javkin, Fernando Sanchez y Maximiliano Ferraro (aclarando que mantiene su partido unido tras ella) que dará pelea dentro de UNEN, que no aceptará acuerdo alguno que incluya al Frente Renovador o a Massa y que recién en 2015 definirá su política de alianzas.


Dejá tu comentario