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Devaluación y la suba de subsidios a la energía
Fernando Navajas, economista jefe de FIEL
En la descripción anterior hay una omisión importante que es nada menos que el nivel de las tarifas asociadas al costo de la energía y a cuantiosos subsidios. El Gobierno parece tener guardada una corrección tarifaria "para después" de tanta devaluación y de modo compatible con el cierre de la negociación salarial. Un problema importante aquí, y que señalamos hace bastante, es que la devaluación eleva considerablemente los subsidios a la energía. Lo hace porque la Argentina, luego de una década de errores de política energética, terminó dolarizando bastante los costos de la energía, al depender crecientemente de energía importada para abastecer el mercado de gas y para generar energía eléctrica. Esto no es sólo una cuestión de importaciones. Los precios que surgen de los acuerdos firmados por el Gobierno para revertir la caída de la oferta doméstica no están fijados en pesos sino en dólares. Por ello es un insulto a la inteligencia que los responsables de tamaña dolarización de los costos de la energía descalifiquen a los que critican la política energética diciendo que se pretende dolarizar los precios de la energía que paga la demanda.
Los precios de la energía que paga la demanda siempre estuvieron, y van a estar, en pesos. Eso se aprendió de la crisis de la convertibilidad. En cambio, el problema es haberse hecho tan vulnerable a los precios internacionales y terminar ofreciendo precios en dólares para movilizar la oferta doméstica. Eso es dolarizar.
¿Qué sabemos de los efectos de la devaluación sobre los subsidios a la energía? Trabajando con datos de precios y cantidades de la energía observamos que en 2013 el costo del gas natural y el costo variable de generación de energía eléctrica consumidos sumaron (para ponerlo en números redondos) 100 mil millones de pesos, de los cuales la demanda pagó un tercio, siendo dos tercios puestos como subsidios por el Estado. A los propósitos fiscales es irrelevante que los recursos para pagar las importaciones sean pesos que salen de Hacienda o dólares que salen del BCRA. El problema es que mientras los precios de oferta (representativos de los costos) suben por la devaluación del peso, los que paga la demanda no se mueven, por ahora. Así, una devaluación del 40% respecto del nivel promedio del tipo de cambio oficial para 2013 (vale notar que ya hemos recorrido casi un 70% de este salto imaginario) y suponiendo los mismos precios internacionales de la energía (que en realidad están subiendo) y la misma demanda o consumo, implica un aumento de subsidios a la energía del orden de los 34 mil millones de pesos (ocasionado más en gas que en electricidad, por su distinto contenido de importaciones). Como los precios de la energía que paga la demanda están tan abajo respecto de los costos o precios de oferta (que se mueven por la devaluación), el aumento requerido en esos precios que paga la demanda para que los subsidios no aumenten es considerablemente mayor a la tasa de devaluación, aun suponiendo algún impacto sobre el consumo. Es decir que ojalá los precios de la energía que paga la demanda pudieran seguir la devaluación del peso. Van a tener que ir por arriba si se quiere al menos estabilizar los subsidios.

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