Solamente con la aparición de alguna novedad de buen porte, y en el otro platillo, se podía haber desviado un destino que está crucificando nuevamente a los mercados bursátiles, en la nueva semana. Las reacciones de última hora del Dow (como si el Nación estuviera comprando en Wall Street) ayer también se ausentaron. Y el convoy de los distintos recintos fue todo en la mano única: hacia abajo. Corresponde destacar lo de Europa en la víspera, donde los índices se estrujaron mucho más que en otras regiones.
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A la hora de cierre en el Mercosur, el Dow Jones estaba en zona de retroceso de 1,7%. Y en tal punto el Bovespa concluía con otro 1,24% de descenso. Llegados al Merval, que descendió 2,06%, se pudo percibir menos actividad en las plazas, por si algo faltaba para hacer sumamente monótonos los desarrollos. Con el signo menos, puesto de antemano, la incógnita sobre a qué nuevo piso se llegaría se develó con un número peligroso: 918 unidades, caminando por la peligrosa cornisa de caer de otra centena y alcanzar profundidad inédita para estos tiempos».
Un máximo de 954 de corte simbólico, con el cierre en los 925 puntos y mucho más cerca del mínimo. Una docena de plazas consiguió aumentos, con Cresud a la cabeza y su 7%, después Teco, Gaming y Molinos Ríos. Otros 38 papeles sufrieron caídas, varios de dos dígitos.
El volumen de efectivo sufrió cierta merma, adjudicable en buena medida a negocios inferiores en Tenaris. Sin llegar a los 52 millones de pesos, colaboró para restarle defensas y absorción a un mercado que se resignó -como en toda la semana- a copiar lo que es mal común. Y sin ningún incentivo local que favorezca la demanda. Nivel de cotizaciones que acrecienta la idea de acciones que bien pueden ser «reservas de valor», para capitales capaces de sentarse a esperar. Pero pocos esperan. Y la Bolsa, aturdida.
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