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Diálogos en el recinto
Daniel Pollack, Thomas Griesa y Barack Obama
Periodista: ¿Cómo están los ánimos de la política frente a la marcha del default?
Frank Underwood: Bajando a la realidad. La negociación está estancada en Nueva York. Aquí la falta de información ya hace unos cuantos días que estaba despertando sospechas.
P.: Ustedes ya no tienen confianza en que un pool de bancos negocie.
F.U.: Mire, en el juzgado de Thomas Griesa, a pesar de los misiles que se cruzan de Buenos Aires a Nueva York con declaraciones que podrían evitarse, aún no se activó la ejecución de sentencia. El hombre sigue ordenándole a Daniel Pollack que siga convocando mesas de negociación; debe de ser porque está arrepentido de los errores cometidos. Eso y las encuestas envalentonan a la Casa Rosada. Usted sabe que no es un secreto que pelearse con Barack Obama también deleita a unos cuantos por aquí.
P.: ¿Y desde ese punto a dónde vamos?
F.U.: Por ahora a ningún lado. Porque por más que el juez mantenga esa actitud no borra que la negociación entre los bancos privados y los buitres esté naufragando o, lo que puede ser peor, que nunca estuvo cerca de arrimar el bochín.
P.: ¿Por qué lo dice?
F.U.: Esta semana se cumplen 15 días que estamos en default y ayer comenzó a trascender que los buitres no aceptan una oferta de los bancos para comprarles parte de la deuda por 50 centavos por cada dólar. Es una brecha enorme. Se presumía que, de ser ciertas las chances de una negociación, a esta altura debíamos estar más cerca de acordar un número.
P.: ¿En la política cómo influye?
F.U.: Hay brazos caídos. La campaña electoral está acelerada un año y esto es un hecho que hay que comenzar a procesar. Hay tres candidatos que caminan como si ya estuvieran lanzados. FAUnen está pagando caro el costo de haber armado esta estrategia de cinco precandidatos que pretenden marchar en armonía programática y recién en 2015 definir en unas PASO quién será el presidenciable.
P.: ¿Y en la economía cómo influye?
F.U.: Los problemas financieros en las provincias, donde están todos en campaña, impactan más fuerte en la política. Es difícil para el oficialismo salir a prometer un futuro que no sabe cómo será y la oposición ni siquiera tiene agenda de promesas. Al mismo tiempo, los diputados y senadores bajan del avión en sus ciudades y reciben los mismos reclamos por empleo, salarios e inflación que usted ve aquí por televisión. Nadie sabe a ciencia cierta hoy cómo será la Argentina de 2015.
P.: Pero todo puede cambiar en enero...
F.U.: ¿Por qué?
P.: Cuando caiga la RUFO y el Gobierno negocie podría haber distensión...
F.U.: ¿Usted está seguro de lo que me está diciendo? Acá sólo vemos que en materia de deuda el Gobierno no ofrece otra cosa que el canje. Eso está muy lejos de pagar la sentencia, ahora o después, con o sin RUFO.
P.: Volvamos al Congreso. ¿Cómo sigue la vida por aquí?
F.U.: El jefe de Gabinete pide que apuremos las votaciones de ese paquete sobre defensa del consumidor que mandaron. Antes tenemos que resolver cómo va a funcionar esa sesión.
P.: Por el tema Boudou...
F.U.: Obvio. Está claro que la estrategia del Gobierno y de la oposición de la semana pasada dejó esquirlas en todos lados. El final es aún impredecible.
P.: ¿Quién ganó y quién perdió?
F.U.: A todos les cabe un poco. Cristina sabía que no podía pasar una sesión más escondiendo a Boudou detrás de viajes, tanto los de él como los de ella. El costo ya era grande. En ese sentido ganó porque se rompió algo que iba a convertirse en un tabú. Es increíble que sea noticia que el vicepresidente presida el Senado. Pero todavía queda pendiente saber cómo se va a manejar la próxima sesión.
La oposición fue al recinto y, a mi manera de ver, cometió un error al retirarse. El debate no fue tan duro como parecía y fue poco lo nuevo que aportaron sobre el tema Ciccone. En léxico de cazadores: no tiraron a matar. Lo dejaron vivo. Además, aunque Pichetto esté cansado de este tema, no hay chance alguna de que se trate ese proyecto para forzar una licencia.
P.: ¿Y ahora quién mueve?
F.U.: La Justicia. En los pasillos del palacio nadie mira mucho lo que pase aquí con el vicepresidente; todos esperan que hable la Justicia. Cada uno para su bando, pero todos le rezan al juez.


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