25 de noviembre 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, protagonista de la película «Wall Street», quien explica las persistentes alzas en la Bolsa estadounidense, a pesar de que se haya corregido a la baja el dato de crecimiento del PBI y advierte que la situación sigue siendo «precaria».

Periodista: ¿El cielo es el límite? No hay obstáculo que ataje el ascenso de la Bolsa. Ya no hablemos de una corrección. No hay aduana capaz de demorar su tránsito más allá de un par de ruedas.

Gordon Gekko:
No es un avance tan rotundo como el del oro.

P.: El oro es un velero liviano que no precisa más que una brisa favorable. La Bolsa representa otro tonelaje, es un gran transatlántico. Una agilidad tan persistente es una proeza. ¿Cómo puede ser que se revise a la baja el crecimiento del PBI -de 3,5% a 2,8%- y ello no lo afecte? Es una reducción más profunda que la que se esperaba.

G.G.: No se olvide que son los datos del tercer trimestre.

P.: ¿Me quiere decir que ya es historia?

G.G.: Así es. Pero las cifras corregidas no cambian la historia de manera relevante. El gasto agregado crece al 3,5%. Es verdad, como ya se sabía, que las importaciones pesaron más que en la estimación original y ello redujo la contribución del PBI. Pero, en esencia, la plataforma que dejó montada el tercer trimestre mantiene la misma pendiente. Son dos trimestres de demanda en alza, con la producción que corre a la zaga; los inventarios siguen cayendo y, dado el fuerte aumento de las importaciones, son los inventarios de productos locales los que están más raleados. Por cuerda separada, sabemos que la recomposición de stocks ya comenzó en el plano minorista.

P.: ¿Alcanza como para no preocuparse por las novedades desagradables que siguen saliendo a la superficie?

G.G.:
Es un envión muy fuerte. Y no hay novedades que se le opongan de parecida envergadura. No hasta el momento.

P.: La construcción residencial aumentó a un ritmo anualizado del 19,5% en el tercer trimestre y, desde que comenzó la crisis inmobiliaria, por primera vez sumó al crecimiento del PBI en lugar de restar. En octubre, sin embargo, los inicios de obra se hundieron más de 10%. ¿No obliga a repensar el optimismo? ¿No es una luz amarilla? Las cifras que son favorables no dejan de ser extremadamente frágiles.

G.G.:
Nadie debería ignorar la precariedad de la situación. El rally de la Bolsa puede ser espectacular pero, visto en perspectiva, es volver al pasado. A dónde estábamos diez años atrás. Yendo a la cuestión específica de la vivienda, creo que los inversores van a privilegiar el desempeño de la demanda.

P.: La fortaleza reciente que exhibe la venta de casas.

G.G.: En octubre trepó el 10%. Y más del 23% respecto de hace un año.

P.: ¿No importa que se trate de la reacción puntual a un programa de estímulo? Noviembre era la fecha límite para poder acogerse al crédito fiscal para la compra de la primera vivienda.

G.G.:
Importa comprobar que la gente responde al estímulo. Y el programa se extendió. Hay tiempo hasta abril de 2010 para sacarle provecho. El plan fue eficaz, además, para acortar el sobrante de casas ofrecidas para la venta. De más de 3,9 millones a 3,6 millones de unidades. O sea, de más de 10 meses de ventas a sólo 7. Desde el punto de vista de la construcción, que es lo que impacta en el producto, con ese marco auspicioso, es difícil pensar que se revierta la mejoría del tercer trimestre.

P.: ¿Hasta dónde pueden estirarse las cotizaciones y no generar un problema de valuación en Wall Street? Más allá de que se concrete una recuperación de la economía, ¿cuán razonables son los precios que se están pagando?

G.G.:
Este es un problema en danza. Hoy es más potencial que efectivo. Vea si no los avances del oro. Como usted dijo, el cielo es el límite. No la lógica de los modelos de valuación.

P.: El oro tiene la ventaja de ser un mercado pequeño. Y, por último, ¿cuánto vale un talismán (mientras usted duerme tranquilo)? Pero la Bolsa no es un divertimento marginal. ¿Cómo justificar su ascenso continuo cuando las ganancias y los ingresos dejan mucho que desear?

G.G.:
Desde ya que es una suba a crédito. Ya lo dijimos en marzo cuando el rally dio sus primeros pasos. No hay otro racional que un futuro sensiblemente mejor. Y no hay garantías de que ello vaya a verificarse. Aquí talla, si se quiere, el instinto.

P.: ¿Son los «animal spirits» o los esteroides que proveen los planes de estímulo?

G.G.:
En la Bolsa, no se aplica el control antidoping. Ni cuando se compra ni cuando se vende. Pero quién puede dudar que los inversores hoy apuestan agresivamente porque piensan (con razón) que las autoridades les cuidan las espaldas.

P.: Más suben los activos, más confianza se genera en su presunta calidad. Pero lo que manda es el «momentum» y no necesariamente los fundamentos. Con tasas cercanas a cero, la dinámica se refuerza.

G.G.:
Tiene razón. Pero usted no puede negar los fundamentos por completo. La Bolsa subió más del 60% y sin pausas desde marzo por los motivos que apunta. Pero si la economía se hunde o se atasca de nuevo, no habrá manera de impedir un zafarrancho.

P.: Sin embargo, Inglaterra se atascó y no le pasó nada malo a la Bolsa de Londres.

G.G.:
Porque la idea de la recuperación sigue a flote. Pero mire Tokio, donde la deflación se ha hecho carne, y verá que desde hace tres meses carga con una mochila de plomo. Más allá del entusiasmo por la recuperación internacional.

P.: Las autoridades de la Fed reconocen, en sus últimas minutas, que las tasas por los suelos pueden generar una burbuja de activos. Pero aun así, las declaraciones más recientes de sus personeros -como James Bullard y Charles Evans- ratifican el guiño favorable a los mercados. ¿Cómo se entiende?

G.G.:
Desconecte el respirador artificial y lo comprenderá. Usted lo dijo: la situación es muy frágil. Más, quizá, de lo que uno mismo imagina. No hay mejor alternativa que perseverar en el tratamiento hasta suprimir las chances de una recaída, por más remotas que sean. Hay que proveer morfina en grandes cantidades aunque se sepa que ello puede generar el problema de la adicción.

P.: ¿No será el remedio peor que la enfermedad?

G.G.:
No, la adicción tiene tratamiento conocido. La depresión económica es tierra de nadie. En todo caso, obra un antecedente alentador.

P.: ¿Cuál?

G.G.:
Ya lo hemos citado antes: el comportamiento de las Bolsas de China. Después de trepar como un rayo, antes que ninguna otra, y más que nadie (en su momento, el 100%), todo ese desborde -que hasta agosto parecía ingobernable- se apaciguó. La Bolsa entró en cabales. China cruzó el río de la zozobra. Pisa tierra firme. Y allí sí es creíble la idea de que se puede comenzar a retirar el estímulo. O, como se hizo ayer, pedirle a los cinco bancos principales planes para un fuerte aumento de capital. Los roles cambiaron. La robustez de la economía es, paradójicamente, lo que aplaca la efervescencia de la Bolsa.

Dejá tu comentario