- ámbito
- Edición Impresa
Diálogos en Wall Street
El periodista dialogó con el experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», quien a pesar del anuncio de pérdidas del Citi por u$s 7.600 millones en un trimestre dijo que entre los grandes bancos estadounidenses «el deterioro de la cartera crediticia persiste, pero, a la par, todo apunta a un proceso de estabilización en marcha».
Gordon Gekko: No. Ocurre que el grueso del quebranto pasó por el repago de la asistencia oficial recibida por el plan TARP y la cancelación de una garantía crediticia del Gobierno. Eso estaba masticado.
P.: No es una buena noticia.
G.G.: No. Pero no cabía esperar que produjera un impacto.
P.: Si se deja a un lado esa megatransacción puntual, Citi continúa perdiendo dinero.
G.G.: Correcto. Pero menos que antes.
P.: Mucho depende de cómo se contabilizan los trastornos crediticios.
G.G.: Es verdad. En el cuarto trimestre, las pérdidas por malos créditos sumaron 7.100 millones de dólares frente a 8 mil millones del tercer trimestre y 8.400 millones del segundo.
P.: Suena mejor, pero no impresiona sobremanera. Son todavía cifras de gran envergadura.
G.G.: No pase por alto que el banco está mejor capitalizado. En los últimos seis meses, el ratio de capital tangible pasó del 4% al 10,9%. Es un colchón más mullido.
P.: Déjeme insistir en las pérdidas crediticias. No hay manera de saber cuánto celo se ha puesto en la precisión del cálculo.
G.G.: No lo discuto. Como el entorno general se distendió, hay un sesgo a comprar pacíficamente las señales de mejoría. El propio paso del tiempo facilita los ajustes. En un año, el Citi redujo su portafolio de activos en 500 mil millones de dólares. No sorprende que la hemorragia vaya cediendo en magnitud.
P.: Vimos ya, la semana pasada, el balance de JP Morgan Chase. ¿Hay líneas de contacto?
G.G.: Seguro. El deterioro de la cartera crediticia persiste, pero, a la par, todo apunta a un proceso de estabilización en marcha.
P.: ¿Qué es lo que más incide? ¿Las hipotecas para vivienda, las comerciales o el crédito de consumo?
G.G.: Eso varía en cada banco. En los dos casos que mencionamos, me parece que los ojos están puestos hoy en seguir la cartera de consumo. Sería otro cantar si los precios de la vivienda volvieran a desbarrancarse.
P.: ¿Las tasas de incumplimiento -digamos, en las tarjetas de crédito- continúan en alza?
G.G.: No. Y aquí se puede cruzar la información con una base muy amplia de emisores de plásticos.
P.: ¿Se puede afirmar que, en este terreno sensible, lo peor ya pasó?
G.G.: Sólo con una dosis de audacia. Uno, en rigor, lo que observa es una meseta. No hay, para nada, una reducción significativa que permita aseverar que no surgirá, más adelante, un nuevo pico de tribulaciones.
P.: No está mal. Pero tampoco es brillante.
G.G.: Usted lo dijo mejor que yo.
P.: Explíqueme algo que no comprendo. La reacción de la Bolsa se me escapa. ¿Por qué derrapa cuando JPMorgan anuncia una ganancia de 3.300 millones de dólares y no se mosquea con las cifras de Citi? Después de todo, si de lo que se trata es de descifrar los avatares del crédito, ni Morgan ni el Citi emitieron señales muy diferentes.
G.G.: Usted aguardaba más de Morgan que del Citi. El Citi calcó las expectativas de los analistas: perdió los 33 centavos por acción que estimaba el consenso.
P.: Pero JPMorgan ganó levemente más que lo que se proyectaba.
G.G.: Decepcionó en otros frentes. Y obligó a desensillar, lo que ayudará a recibir con menos ínfulas las novedades de todo el malón de entidades que informará esta semana (Wells Fargo, Bank of America, Capital One, American Express, GE, Goldman Sachs y Morgan Stanley, entre otros).
P.: ¿Dónde fue que defraudó las expectativas?
G.G.: En tres áreas concretas. Ingresos, evolución crediticia, dividendos. Los bancos han cortado estructura, personal y cartera de activos. A destajo. Tome el caso del Citi: 100 mil empleados menos que un año atrás. Los bancos redujeron costos -sólo el Citi, unos 13 mil millones de dólares al año- y ello impacta en el cuadro de resultados. Pero si se apuesta a su expansión sostenida, la reducción de costos tiene un límite; lo que se quiere ver es la capacidad de aumentar ingresos.
P.: Lo que no se verificó.
G.G.: Ni en Morgan ni en el Citi. Pero, es obvio, la apuesta estaba cifrada en Morgan.
P.: Nadie lo asentó por escrito, pero se especulaba con que Morgan elevara su dividendo trimestral y le diera un espaldarazo a la suba de la Bolsa.
G.G.: No pudo ser. La realidad es áspera. Los problemas persisten. No por nada Morgan aumentó en 1.900 millones de dólares la constitución de reservas por malos préstamos de consumo. Jamie Dimon, el mandamás del banco, fue muy claro. No están dadas las condiciones para comprometer un dividendo más alto.
P.: Dijo algo más. No lo estarán hasta no ver una «real recuperación».
G.G.: Más claro, imposible.
P.: Quiere decir que la recuperación que tanto se menea no es de verdad.
G.G.: Sí, lo es. El cambio de condiciones es evidente. Pero todavía pisamos un terreno demasiado frágil, quebradizo. Para cualquier entidad sería suicida elevar los dividendos un trimestre y luego tener que recortarlos ante un enfriamiento de los negocios. Más vale disipar, aunque duela en el momento, falsas expectativas.
P.: No hay como contar con los bancos para empujar una nueva pierna alcista en Wall Street.
G.G.: Aun así, es importante no tenerlos en contra. Y, en ese sentido, la prueba de hoy (por ayer) -cómo se recibió el balance del Citi- permite respirar más tranquilo.


Dejá tu comentario