29 de septiembre 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Los mercados suben porque interpretan que la Reserva Federal se apresta a irrigar más liquidez. La Fed así lo sugirió por la existencia de una inflación muy baja. Pero el oro y los commodities marcan nuevos récords. El dólar se debilita. ¿No son señales inflacionarias? Para el experto en finanzas internacionales que se mimetiza con la figura de Gordon Gekko, no lo son. Ni mucho menos constituyen motivo para que la Fed dé un paso al costado.

Periodista: La Bolsa no afloja, pero tampoco aflojan los bonos. Las tasas largas se precipitaron cuando Wall Street perdió la confianza en la recuperación; sin embargo, ahora que las acciones resucitan con ímpetu renovado, las tasas largas ni mosquean. Es el mejor de los mundos. ¿Cómo se entiende?

Gordon Gekko:
Es el milagro que generan las promesas de la Fed.

P.: La expectativa dominante es que la política monetaria retomará sus labores poniendo en marcha una segunda fase de expansión.

G.G.:
Es el mensaje que se desprende de la última reunión del Comité de Mercado Abierto. Allí se fraguó la voluntad de responder a una tasa de inflación demasiado baja antes de que se traduzca en una deflación lisa y llana.

P.: Los mercados de capitales reaccionaron con notable entusiasmo. De ahí que no se puede hablar, como sí lo hizo la Fed en junio, de condiciones financieras hostiles. ¿Esa mejoría, que se aceleró después del último comunicado, no cuenta? ¿No disminuye las chances de que la Fed se decida a actuar?

G.G.:
No se lo percibe así. Por eso, prosigue el avance de las Bolsas y de muchos otros activos de riesgo que también suben de la mano. Y, como usted dijo, los bonos largos no se vieron afectados. La tasa de diez años merodea alrededor del 2,5%. Supo ubicarse hasta un cuarto de punto más arriba en las semanas previas a la reunión.

P.: Formalmente la Fed no prometió nada. Es verdad que sugiere una probable intervención, pero no lo afirma de manera taxativa.

G.G.:
Por lo visto, alcanza y sobra. El mercado de bonos se comporta como si resultara obvio que habrá un gran comprador en firme.

P.: El oro, día por medio, clava nuevos récords. En general, suben todos los commodities. La canasta del índice CRB superó sus máximos históricos de precios. Y el dólar derrapa contra el euro como si no hubiese un mañana. No son señales que uno evaluaría como deflacionarias.

G.G.:
No, no lo son.

P.: Son, como mínimo, conjuros para reavivar la inflación. Si es que no los quiere catalogar como los indicios de un proceso inflacionario en plena gestación.

G.G.:
No se lo ve así. Y hay buenas razones para ello.

P.: Quizás no lo quieran ver los mercados de bonos. Pero lo que vale es la postura que asuma la Fed. Si el banco central juzga que, con estos resultados, ya logró despejar el riesgo de la deflación (y tal vez se esté excediendo), preferirá abstenerse de actuar.

G.G.:
No se olvide cómo fue la década. Comenzó junto con la bonanza sostenida de las materias primas y del oro. Y un dólar en declive fue la regla la mayor parte del tiempo. Pero los vaticinios de una Gran Inflación no se cumplieron. ¿Inflamaron las cotizaciones? Sí. Cuando el barril de petróleo rozó los 147 dólares, hasta el Banco Central Europeo se asustó y retomó la suba de tasas de interés. Fue un error. La verdadera amenaza no era la inflación. Todo lo contrario.

P.: Lehman Brothers cayó poco tiempo después.

G.G.:
Hubo que remar muchísimo con la política fiscal y monetaria para evitar la depresión. Todos los atisbos premonitorios -la fortaleza recurrente del oro y de las materias primas, la debilidad prolongada del dólar- revirtieron en el acto cuando la crisis mordió en serio. Eran una escenografía de papel pintado: un buen decorado y nada más.

P.: ¿Cree que la historia puede repetirse?

G.G.:
Pienso que se reaccionó a tiempo. Primero, conteniendo el desmadre de la crisis europea (aunque no se le haya dado una solución definitiva). Luego, corrigiendo el error de virar hacia un discurso de mayor austeridad de las políticas públicas justo cuando la recuperación de los EE.UU. perdió fuerza peligrosamente.

P.: En forma tácita ya se le dio luz verde a una segunda inyección de estímulo. Así se promete. Y ya lo compraron con gusto los mercados financieros y de materias primas. Lo que usted dice es que, de ninguna manera, es un empuje excesivo.

G.G.:
¿Cuánto duraría la resurrección de la Bolsa, o de las cotizaciones de las materias primas, si mañana la Fed dijera que se corre definitivamente a un costado?

P.: Yo no apostaría una moneda.

G.G.:
No hay confianza en la economía. Sí en el estímulo de la Fed. Son dos realidades distintas. El problema es que la liquidez del banco central derrama con facilidad hacia los activos financieros, pero tarda en penetrar en la economía real y aceitar su funcionamiento. Y, eventualmente, puede fracasar en este segundo plano, que es su cometido principal.

P.: La Fed puede terminar estimulando a Wall Street, pero no a Main Street y a la actividad de las empresas.

G.G.:
Las cotizaciones de los activos financieros son receptivas al mensaje de aliento. Subieron con gran rapidez. Muchas de ellas ya se sitúan en niveles récord, aun antes de que la Fed ejecute la ampliación de su política. Pero sería un error pensar que ello refleja una certeza sobre la economía real, que automáticamente le seguirá los pasos a la reacción favorable que ya definió Wall Street. Nunca el proceso de transmisión es inmediato, y yo diría que el canal se dislocó con la crisis.

P.: Si las materias primas suben de precio, ¿quién es el que lo paga? ¿No es necesariamente una economía que se vislumbra más robusta?

G.G.:
En el largo plazo, sí. En el corto, el precio salta con las expectativas. Y las materias primas se convirtieron ya en una clase más de activo financiero, ni siquiera hace falta que aumente la demanda final. La decisión de engrosar inventarios puede sostener precios más altos por un buen tiempo. Financiarlos a tasas cercanas a cero no es, estos días, una gran dificultad.

P.: ¿Por eso cree que la Fed no se retractará? No tomará la bonanza de las materias primas, o la debilidad del dólar, como signos de que ya corrigió los potenciales problemas deflacionarios.

G.G.:
No lo hará hasta ver que la economía responde favorablemente, que se cierra la brecha de producto y el gran desempleo. Es una paradoja: si de veras los indicadores mostrasen firmeza, los mercados lo tomarían a mal. Quedarían en offside con una economía robusta que le permitiera a la Fed poner prudente distancia. Empezando por los bonos, pero siguiendo luego con una larga lista de efervescencias.