15 de diciembre 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Para el analista en mercados internacionales, que utiliza el seudónimo Gordon Gekko para verter sus opiniones, no hay contradicción entre el objetivo inicial de la Fed al implementar la compra masiva de bonos del Tesoro y los resultados que está obteniendo. Se buscaba neutralizar el riesgo de una deflación, y la suba de tasas largas responde, precisamente, a mejores augurios en términos de crecimiento e inflación. La Fed no tocará una coma del QE2. Tiene sentido, aunque las tasas largas no dejen de subir.

Periodista: No se suponía que la Fed fuera a ser noticia. Pero igual importó ver qué cambios podía sufrir la estrategia de relax cuantitativo, el QE2.

Gordon Gekko:
Ocurrió lo que cabía esperar. No hubo modificación. La Fed mantiene su postura.

P.: ¿La suba de las tasas largas no afecta los resultados del QE2?

G.G.:
Seguro que sí.

P.: ¿No es una señal de fracaso?

G.G.:
No.

P.: ¿Ni siquiera de traspié?

G.G.:
El estímulo final, el saldo neto que se insufla, va a ser menor que el que podía esperarse. Aunque no se puede fundar una opinión definitiva mientras no se sepa en qué nivel se asentarán las tasas de interés.

P.: Esta turbulencia no es mera volatilidad. Confirma una tendencia alcista bastante nítida.

G.G.:
Está claro que las tasas van para arriba. Hay motivos para esperar que se establezcan en un nivel más alto, pero aun siendo así, lo razonable es que el ajuste sea muy rápido.

P.: Sin embargo, el ajuste procede a los tumbos. Ya la semana pasada había mostrado las garras. Y hoy (por ayer) produjo otra embestida. Y marcó una nueva cumbre.

G.G.:
El proceso es sensible a las noticias. Una economía más entonada (sería una exageración llamarla robusta), como la que sugiere el informe de ventas minoristas -se esperaba un aumento del 0,5 por ciento y resultó del 0,8 por ciento-, obliga a corregir sobre la marcha.

P.: Desde que, a comienzos de noviembre, se anunció la compra masiva de bonos del Tesoro, las tasas largas ya treparon más de un punto completo. ¿No se suponía que el QE2 oficiara de paraguas?

G.G.:
El QE2 se anticipó. A fines de junio ya era una posibilidad a la que se le asignaban chances ciertas de concretarse. Aquí hay mucho de ida y vuelta.

P.: Recuerdo cuando las tasas de diez años merodeaban el 3 por ciento a fines de junio. Pero ahora todo apunta a romper, hacia arriba, el 3,5 por ciento. Los beneficios de la compra de bonos del Tesoro, ¿no se escabulleron demasiado rápido como para dar frutos sólidos en la esfera de la economía real?

G.G.:
Lo que ocurre es que, en paralelo, la economía -que estaba en un bache peligroso- se recuperó. Tres meses atrás se podía hablar de una eventual doble recesión, pero la coyuntura mejoró de tal modo que esa misma hipótesis hoy no tiene cabida.

P.: ¿Quiere decir que el QE2 batió el récord mundial de velocidad? Nunca una política monetaria habrá surtido influencia con tanta presteza. ¿No es que sus efectos operan siempre con tardanza?

G.G.:
Se equivoca. Usted puede impactar las expectativas muy rápido. Y si eso alcanza para enderezar una situación crítica, los efectos son instantáneos. Recuerdo a Alan Greenspan en ocasión del crac de octubre de 1987. La promesa de una oferta monetaria elástica y una liquidez acomodaticia impidió que el Lunes Negro infligiera un solo rasguño a la actividad económica.

P.: Digamos, entonces, que le correspondería la medalla de plata.

G.G.:
Entiendo que se puede discutir a qué fuerza atribuir esta recuperación de la economía de los EE.UU. No hace al fondo de la cuestión. Estabilizar las condiciones financieras -y darles un espaldarazo a los mercados de capitales- cuando la economía estaba en un vértice delicado no es poca cosa y no tengo dudas de que el QE2 aportó con su presencia. Pero supongamos que no tuvo nada que ver. Lo que cuenta es que la tasa de interés real trepó del 0,40% al 1,20% si se utilizan a los TIP de diez años como vara de referencia.

P.: Señal, como dijo, de una economía más firme. Mérito o no del QE2, a ver si lo sigo correctamente, la Fed no tiene nada de qué lamentarse. Es, después de todo, el resultado que buscaba con su política.

G.G.:
Correcto. No fue sólo el QE2. El acuerdo entre Obama y los republicanos fue una pieza vital. Una bisagra perceptible a simple vista. Apuntala la idea de un 2011 mejor rumbeado porque revierte el agotamiento previsto del estímulo fiscal.

P.: La Fed también quería levantar las expectativas de inflación. Y lo consiguió ya que si el bono de diez años rinde el 3,5% -y la tasa real es el 1,20%-, las expectativas de inflación rondarán el 2,3%.

G.G.:
A grandes rasgos es así. Lo que la Fed quería era aventar el riesgo de una deflación y, cuando uno mira el mercado de bonos, observa, luego de su intervención, que tanto las expectativas de crecimiento como las de inflación han reaccionado favorablemente.

P.: O sea que todos contentos. Salvo los inversores en renta fija. Los tenedores de bonos del Tesoro. Haberlo dicho antes. Me parece que esa gente pensaba que las tasas bajas eran un ingrediente necesario para que el QE2 tuviera éxito.

G.G.:
Si las expectativas de crecimiento están mal fundadas, lamentaremos este comportamiento. En ese caso, cuando el error resulte evidente, las tasas largas bajarán. Pero el flujo de indicadores económicos no lo demuestra, sino todo lo contrario, dato tras dato, ratifica la irrupción de nuevos vigores en ascenso.

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