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Diálogos en Wall Street
La Fed no sorprendió a nadie, pero a los mercados no les gustó. Y la seguidilla de subas diarias se truncó en Wall Street. Leer entrelíneas las manifestaciones de los hacedores de la política monetaria es un «divertimento» de Gordon Gekko, el experto en mercados internacionales que se refugia bajo la identidad del personaje que Michael Douglas encarna en las películas de Oliver Stone.
Gordon Gekko: ¿Que dijera que la economía está más robusta de lo que de veras está?
P.: Había quién pensaba que Bernanke iba a jugar un papel de porrista.
G.G.: No fue así.
P.: Todo lo contrario. La Fed revisó sus proyecciones de crecimiento hacia la baja.
G.G.: Podó el remanente de 2011 y toda la estimación para 2012.
P.: No es una buena noticia.
G.G.: No, pero tampoco es una novedad. El sector privado las rebajó antes. Y la experiencia indica que los números dependen en demasía de los vaivenes de la situación corriente. Si la Fed piensa que el debilitamiento de la economía es transitorio.
P.: Eso, al menos, es lo que ha dicho Bernanke. Y no de ahora. Es un discurso repetido.
G.G.: Si resultase así, cuando el nivel de actividad repunte también levantarán las proyecciones a plazos más largos.
P.: No se sabe muy bien dónde se está parado. Me da esa impresión. ¿O me equivoco?
G.G.: La Fed hace hincapié en las perturbaciones que generó la tragedia de Japón y en el impacto de la suba de los precios de los combustibles. Mientras sea así, el diagnóstico luce acertado. El problema es la dinámica ulterior que pueden disparar estos factores. El año pasado, las convulsiones que generaron los mercados financieros en mayo y junio se tradujeron en un enfriamiento ostensible de la economía real en julio y agosto.
P.: ¿Usted qué piensa?
G.G.: Que no hay que perderle mirada al mercado de trabajo.
P.: La experiencia de mayo no fue muy propicia. El sector privado pisó el freno de las contrataciones. Sin preaviso.
G.G.: De crear un promedio de 244 mil empleos por mes entre febrero y abril pasó a 83 mil.
P.: Quiere decir que ya hay un impacto adverso.
G.G.: Una golondrina no hace un verano. Pero será tranquilizador anotar una cifra más vigorosa cuando se compute junio.
P.: Igual la lectura del empleo no llegará a tiempo para impedir que la Fed termine con el programa de compra de bonos del Tesoro.
G.G.: Eso está fuera de discusión. Liquidar el QE2 es una decisión tomada y comunicada ya hasta el hartazgo. Si la suba de los precios de los combustibles (y de otras materias primas) pudo haber desacelerado la marcha de la economía, no vendrá mal hacer una pausa. De hecho, ya sirvió para amainar los bríos.
P.: La Fed no se retira de escena por completo.
G.G.: Seguirá reinvirtiendo los cupones de amortización que cobre de su cartera de bonos.
P.: El tamaño de su portafolio se mantendrá inamovible.
G.: Ésa es la idea que ha sido claramente explicitada. El valor nominal de la cartera de bonos del Tesoro, títulos de agencia e hipotecarios se preservará en torno a los 2,6 billones (millones de millones) de dólares.
P.: ¿Tiene una noción de cuántos bonos tendrá que adquirir por mes?
G.G.: No es una cifra fija. Varía con el patrón de las amortizaciones, que es irregular y altamente incierto. Pero calcule que serán unos 30 mil millones de dólares al mes.
P.: ¿Con una duración similar a las compras del QE2?
G.G.: Tal cual. El 63% de las transacciones apuntará a la «panza» de la curva de rendimientos; es decir, en plazos que van desde los dos años y medio hasta los siete.
P.: ¿Estima que estas operaciones pueden sostener las tasas de interés?
G.G.: Son simplemente renovaciones. No suponen adquisiciones netas. Pero las tasas no están hundidas hoy por debajo del 3% por las compras voluminosas que todavía hace la Fed. De la misma manera, su trayectoria futura dependerá de cuánta fortaleza sea capaz de exhibir la economía en los próximos dos o tres meses.
P.: La inflación subió en los EE.UU. (y no sólo en EE.UU.). La última lectura mensual del índice núcleo fue del 0,3%. El QE2 tenía como meta dinamizar la marcha de los precios minoristas y lo ha conseguido. Con creces. ¿No lo ve como un problema? ¿No puede impulsar un repunte de las tasas largas, aunque la economía se mantenga remolona?
G.G.: Yo no lo veo. Pero tampoco lo ven los bonos, que es lo que de veras importa. Tenemos muchos problemas, pero la inflación no es uno de ellos.
P.: ¿También el alza de precios es transitoria?
G.G.: Bernanke citó el ejemplo de los trastornos que ocasionó Japón sobre los precios de los autos nuevos y usados. Ya habíamos comentado cómo las compañías de Detroit sacaron partido del faltante de vehículos terminados para cortar los descuentos y otros incentivos. Cabe esperar que se revierta cuando retorne la normalidad al abastecimiento. Y si los precios de los combustibles continúan retrocediendo también habrá un reflujo por el lado de la energía. El único problema recalcitrante sería el aumento de los gastos de alojamiento. O sea, una imputación contable. Todos sabemos que en el mercado de la vivienda se atraviesa una recaída.
P.: La Fed ha dicho, una vez más, que las tasas se mantendrán bajas por tiempo considerable. ¿Significa decirle adiós a cualquier ensayo de suba en lo que resta del año?
G.G.: Bernanke ha expresado que se trata de un paraguas efectivo por dos o tres reuniones. No tengo dudas de que si hay que operar de prisa y sobre la marcha no le temblará el pulso. Pero lo que patea toda posibilidad de alza hasta 2012 -como mínimo- es la mera inspección honesta de la realidad. Demasiado frágil como para propinarle sacudones sin necesidad.


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