5 de septiembre 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Las noticias de la hora fueron francamente malas. Y la desazón cunde. El empleo en EE.UU., el talón de Aquiles de la recuperación, quedó congelado en agosto y, otra vez, se teme el acecho de la recesión. La entrevista es con Gordon Gekko, el seudónimo de un veterano rastreador de los mercados, que explica la reacción de bonos y acciones. Muy distintas en apariencia, pero alineadas bajo la superficie.



Periodista: Volvió la marea roja.

Gordon Gekko: No hay duda.

P.: ¿Son las malas noticias del empleo? ¿Es Europa? ¿Los bancos y la promesa de una estela de litigios?

G.G.: Es un combo. Tiene para elegir.

P.: Mi impresión es que un número decente de creación de empleo hubiera bastado para evitar, no digo el aguacero, pero sí la tormenta eléctrica.

G.G.: Es muy probable. Pero el hecho concreto es que la economía de EE.UU. no sumó un solo puesto de trabajo en agosto. Y no es el único frente de complicaciones.

P.: ¿Podemos hablar ya de recesión?

G.G.: Bueno, la recesión no conserva empleos. Los destruye.

P.: No estamos tan lejos. La revisión de las cifras hizo desaparecer 57 mil posiciones computadas en junio y julio. La tendencia de los números definitivos es a la baja.

G.G.: No se olvide de la huelga de Verizon. Se estima que quitó 45 mil empleos de los registros que resurgirán luego. La economía estilizada todavía suma puestos de trabajo.

P.: Pero bajó un par de cambios y sube la cuesta penosamente en primera.

G.G.: Tal cual. Es la imagen, a esta altura, que arroja el conjunto amplio de indicadores que hemos recabado los últimos dos o tres meses.

P.: Los bonos se permiten disentir. Otra vez la tasa larga se hundió a plomo. Allí hay una visión contundente. Tozuda. Una tasa de diez años por debajo del 2% no parece muy en línea con otro escenario que no sea la recesión.

G.G.: También la Bolsa hace presagios. Y su comportamiento, a esta altura, también revela una especie de obcecación.

P.: Los bonos tienen metida la recesión entre ceja y ceja. A las acciones uno las ve ir y venir sin rumbo definido, como si desconfiaran de su propia brújula.

G.G.: Sin embargo, no pisaron en ningún momento el terreno de un mercado bear. Han retrocedido, pero no cruzaron la frontera de una caída del 20%. La recesión merodea, acecha, preocupa, pero no pudo todavía instalar campamento.

P.: Son dos opiniones difíciles de conciliar. La Bolsa mantiene la esperanza, los bonos, que han sido más perspicaces, otean un futuro negro. Digamos que el torrente de noticias de estos días parece darle la razón.

G.G.: ¿Son opiniones tan distintas? No lo son.

P.: ¿No?

G.G.: Mire el detalle y lo notará. La tasa de diez años cayó a pique. Perfecto. Pero ¿qué pasó con la tasa de dos años?

P.: Se supone que acá las preguntas las hago yo. No sé. ¿Qué pasó?

G.G.: Subieron.

P.: No fue así la primera vez que la tasa de diez años perforó el umbral del 2% un par de semanas atrás.

G.G.: No. Es una diferencia importante.

P.: No es sólo la recesión lo que obsesiona a los bonos.

G.G.: Como en el ajedrez, siempre se trata de imaginar qué sucederá un par de jugadas más adelante. La recesión, o su fantasma, da igual, obligan a una respuesta. Las acciones, los bonos, creo yo, están más pendientes de esa réplica que de la propia amenaza original.

P.: Acciones y bonos descuentan ya la intervención de la Fed.

G.G.: Si el banco central condujera sus operaciones de política monetaria a través del mercado de rabanitos, lo que usted vería sería una suba del precio de los rabanitos y no de los bonos del Tesoro. Esto es obvio: usted se posicionaría en vegetales para vendérselos luego a la Fed.

P.: Los mercados ya dan por sentado que la Fed meterá manos a la obra.

G.G.: Es difícil pensar que la Fed se va a quedar de brazos cruzados después de recibir noticias como las del informe de empleo. Aunque también es fácil exagerar en estos momentos. La Fed va a sopesar toda la información. Y hay un patrón claro de debilidad a comienzos de agosto (cuando se produjo la parálisis por la discusión del techo de la deuda en EE.UU.) que se corrige luego a lo largo del mes. El informe de empleo orbita en torno a la primera fecha.

P.: La Fed no querrá correr riesgos innecesarios. ¿Qué tiene para ganar? Y es mucho lo que puede perder.

G.G.: Pienso que escucharemos su opinión de primera mano. Esta semana hablará Bernanke y también tres presidentes de distrito (Kocherlakota, Evans y Williams). Si los mercados se equivocan en su apreciación, no debería resultar muy arduo corregirlos.

P.: ¿Piensa que los mercados descuentan el QE3? ¿O la llamada operación twist, el reemplazo de títulos cortos en cartera por otros de mayor duración?

G.G.: Lo que estamos viendo es un reacomodamiento del mercado de títulos del Tesoro en anticipación de la operación twist.

P.: ¿Cómo lo sabe?

G.G.: Ya estamos reproduciendo sus efectos.

P.: Una curva de rendimientos más plana. Suben las tasas de los plazos cortos y bajan las de larga duración.

G.G.: Correcto. El QE3

-como ocurrió antes con su predecesor- supondría un descenso de toda la curva, no un cambio significativo de pendiente.

P.: Las tasas de 30 años no participan de la manera que cabría esperar.

G.G.: Bonos largos, en este contexto, se refiere al tramo que va de 5 a 10 años.

P.: ¿Los mercados tienen confianza en que esto funcionará?

G.G.: Los bonos descuentan que esto se llevará adelante. Las acciones son las que tienen confianza en que mantendrá a raya el mal de la recesión.

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