20 de septiembre 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Quién está salvando a quién? ¿Europa a Grecia? ¿O Grecia a Europa? El entrevistado de esta columna, el analista que se refugia en la identidad ficticia de Gordon Gekko, piensa que Grecia es un tapón que Europa no puede quitar. No todavía. Aunque este juego ya no le sirve a Grecia. Y el mundo también lo padece ya que la zozobra europea congela la toma de decisiones de riesgo.

Periodista: Grecia, de nuevo, en la palestra. ¿Es cosa de nunca acabar? Que se queda sin caja, que no cumple las metas comprometidas, que debe profundizar el ajuste, que la economía se hunde más de lo proyectado. ¿Hasta dónde se puede estirar esta agonía?

Gordon Gekko: Se dice que Europa rescata a Grecia, pero, en los hechos, es al revés. Grecia es la que está sacrificándose por Europa.

P.: ¿Cómo es eso?

G.G.: No tiene mucho sentido para Grecia prolongar la situación cuando ya no hay chances de revertir el saldo final. El paso del tiempo no es gratis. Es un taxi muy oneroso que se carga a la cuenta de Atenas. Grecia ya volcó y los que tratan de alejarse en el vehículo que fleta son los demás.

P.: Se dice que Grecia debe reestructurar su deuda, y ahora Mario Blejer acota que además debe hacerlo a lo grande.

G.G.: Grecia volcó, el taxímetro sigue corriendo, y a una tarifa cada vez más prohibitiva; más aumenta su deuda, más agresiva, a la postre, deberá ser la poda. No tengo dudas de que para Grecia dar esta pelea dejó de ser negocio. O Europa le condona la deuda (o la financia a fondo perdido, o al menos al costo de un eurobono) o mejor cortar el chorro acá.

P.: Es Europa la que no puede permitirse esa elección.

G.G.: Mal que mal, Grecia todavía oficia de tapón. Tiene fisuras, la crisis se coló a otros países, las reverberaciones son traumáticas, pero si uno quita el tapón, no se arregla el cuadro general. Empeora. Lo que deberá contenerse es un aluvión. Y los bancos europeos no tienen las espaldas.

P.: Mejor discutir la crisis de Grecia que la de Italia.

G.G.: Correcto. Europa tiene bolsillos como para pagar y demorar la crisis griega, Italia es demasiado grande (y en su derrape no vendrá sola). Y si usted no pudo manejar Grecia, ¿qué credibilidad tendrá para administrar un cataclismo muchísimo más complicado?

P.: ¿Qué falló?

G.G.: La estrategia era encapsular la crisis en Grecia. A la manera de lo que ocurrió con la Argentina de la convertibilidad. Cuando eclosionó a fines de 2001, la onda expansiva apenas si zamarreó a Uruguay. Un año antes, o dos (cuando Brasil atravesaba su propia crisis), hubiese sido un cimbronazo excesivo. La comunidad internacional no quiso correr riesgos y mantuvo conectado el respirador artificial hasta que se aseguró de regenerar la solidez de los vecinos de la región.

P.: ¿Qué hará Europa?

G.G.: Mantendrá el pulmotor encendido.

P.: ¿Aunque Grecia no cumpla con las pautas del programa acordado con el triunvirato del BCE, el FMI y la Unión Europea?

G.G.: Eso pienso. Claro que habrá que maquillar las diferencias. Pero creo que aunque Grecia se retobe, finalmente, recibirá los fondos.

P.: ¿Qué sentido tiene, entonces, recrear toda esta película de angustias de última hora? Si el giro de los fondos es la única alternativa viable, ¿para qué dramatizar el trámite?

G.G.: Yo diría que es otra muestra de un pésimo manejo. Cambiaré de opinión cuando alguien me dé una mejor explicación.

P.: ¿Hasta cuándo se puede mantener una dinámica tan perversa? Como todo en esta vida, tendrá límites, ¿no es cierto?

G.G.: Como Grecia es un país pequeño, cuando Merkel y Sarkozy dicen que no dejarán que caiga en bancarrota, uno tiene que creerles. No durará por siempre porque la paciencia de los electorados y de los políticos es finita. Pero Grecia no se hundirá tampoco si Alemania no está de acuerdo.

P.: Así Europa gana tiempo.

G.G.: Está perdiendo el tiempo. Y, basta verlo a Geithner trajinando todos los aeropuertos del Viejo Continente, para entender que se lo está haciendo perder a los demás.

P.: La crisis se perpetúa.

G.G.: Lo peor es que la toma de riesgos se congela. Por precaución las decisiones se ponen en el freezer. No sólo en Europa. En todo el mundo. Aun las economías emergentes, que no arrastran la mochila de los problemas de herencia, hoy están inmersas en un compás de espera. No se pueden llevar adelante proyectos muy ambiciosos cuando el mundo es un tembladeral y todo se correlaciona.

P.: Mañana (por hoy) se reúne la Fed. ¿Hasta dónde la alcanzan las generales de la ley? ¿Querrá la Fed tomar riesgos, romper el hielo y compensar esta zozobra con el anuncio de medidas más audaces?

G.G.: La Fed consumió buena parte de su munición, pero conserva su credibilidad. Ahora bien, no querrá malgastar ninguna de las dos. ¿Para qué apostar fuerte si después un percance en Europa puede echar todo a perder? Si usted tiene las balas contadas, no puede quedar desarmado. Debe asegurar el blanco.

P.: Y hasta que Europa no se quede quieta, no hay manera.

G.G.: Así parece. Por eso pienso que la política de la Fed continuará haciendo eje en la comunicación.

P.: ¿No pondrá algo de carne en el asador?

G.: No estoy muy convencido. Sinceramente.

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