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Diálogos en Wall Street
La Fed no trajo sorpresas. Cumplió con lo que se esperaba: la operación twist. Y, esta vez, la sorpresa (desagradable) la aportaron los mercados. ¿Por qué no les gustó el ritmo? A continuación las respuestas de nuestro hombre de consulta, escudado como siempre bajo el seudónimo de Gordon Gekko, después de otra tarde revulsiva en Wall Street.
Gordon Gekko: En ese caso, a la Fed le toca bailar con la más fea.
P.: ¿Era mejor mantener el suspenso y postergar la acción, que la Fed se hubiera limitado a comunicar?
G.G.: Difícil saberlo. Aun así, tarde o temprano usted tiene que ejecutar lo que promete. No se puede correr a todo el mundo todo el tiempo sólo con la vaina.
P.: El debut de la operación twist no podía ser peor.
G.G.: Fue francamente muy malo.
P.: Fue una reacción de vender con la noticia.
G.G.: Eso está dentro de la lógica habitual. Pero una caída del 2,5%/3% es materia más profunda.
P.: ¿Qué pasó? ¿Se esperaba que la Fed fuera más agresiva?
G.G.: Para nada. Todo lo contrario. La Fed va a retirar bonos de mayor duración que lo que podía pensarse. No es un movimiento tímido.
P.: ¿Y entonces?
G.G.: El tamaño de la operación es importante: u$s 400.000 millones. Diría que se ubica en la mitad más alta del rango que se barajaba de antemano.
P.: Las compras se espaciarán de acá a junio del año que viene.
G.G: Sí. Pero no se le cierra la puerta a una eventual intensificación del programa. En general, el comunicado oficial retiene un sesgo hacia un mayor relajamiento. La novedad es que el 29% de los bonos que se van a adquirir tendrá un tenor entre los 20 y los 30 años.
P.: No pareció importar.
G.G.: Influyó sí en el mercado específico. El comportamiento de la curva de obligaciones del Tesoro no fue anormal. Subió la tasa a dos años, cayó la de diez y cayó aún más la de treinta años.
P.: La curva de rendimientos se acható como quería la Fed.
G.G.: Sí.
P.: Lo que no respondió como se esperaba fue la Bolsa.
G.G.: Correcto.
P.: Y lo que en última instancia se quiere estimular no son los bonos del Tesoro -que ya rendían poco y nada, y que son el refugio de los asustados-, sino la demanda de activos de riesgo.
G.G.: Seguro.
P.: En ese sentido, es un fracaso peligroso.
G.G.: Deberá tener paciencia. No se puede hablar de un balance definitivo. Sería una exageración.
P.: Se requiere más que paciencia. Estómago.
G.G.: De acuerdo. Con frecuencia hay que dejar decantar la reacción inicial para descubrir cuál es la verdadera respuesta a una medida.
P.: En todo caso, no hay mucho margen para la algarabía. O para soñar con la campana de largada a una nueva fase de suba.
G.G.: Así parece. Pero lo tendremos más claro los próximos días. Hay que tamizar estas decepciones (o euforias) abruptas. Sobre todo cuando el fundamento no está muy claro.
P.: ¿Qué fue lo que no gustó? ¿La descripción de la situación económica que hizo la Fed?
G.G.: Si fuera buena, no habría necesidad de reinventar nada. Los mercados que descontaron la operación twist con mucha perspicacia saben de las dificultades que existen. No creo que la Fed haya ofrecido una visión más cruda que la que se conocía. No buscaría por allí.
P.: Se hace una referencia novedosa a las tensiones financieras globales. Es fácil leer entrelíneas la preocupación por la situación europea.
G.G.: ¿Quién ignoraba hoy (por ayer) al mediodía que hay problemas en Europa? Nadie se enteró, estoy seguro, porque lo leyó en esta referencia oblicua que se permitió la Fed.
P.: Había quien alentaba alguna expectativa de que la Fed rebajase las tasas de interés que paga por las reservas excedentes de los bancos.
G.G.: Sí. Tal era el caso de Goldman Sachs.
P.: La Fed no dijo esta boca es mía.
G.G.: ¿Y por eso se derrumbó Wall Street? No podía esperarse sino un retoque marginal. No más de 10 o 15 puntos base. Y la tasa hubiera bajado del 0,25% actual al 0,10% o 0,15%...
P.: ¿Hubiera servido para presionar a los bancos a prestar más agresivamente?
G.G.: Me cuesta creerlo. Si los bancos no prestan más, no es porque se estén llenando de oro con la rentabilidad de sus colocaciones en la Fed. Si la Fed no pagara ninguna retribución, el grueso de estos saldos igual permanecería ocioso. Pero se crearía un grave problema en el funcionamiento de muchas instituciones y operatorias del mercado monetario. Bernanke no quiso sumarse nuevos trastornos.
P.: Hubo, de nuevo, tres votos en disidencia (sobre diez). Fisher, Plosser y Kocherlakota repitieron su disconformidad. Ninguno de los tres quería relajar más las condiciones monetarias. Le cito el lamento de un experto: así no se visualiza un «sendero claro».
G.G.: Más claro, échele agua. El criterio de la mayoría se impone. Es la segunda vez en dos reuniones. No hay freno ni tapón. Le digo más: si la descripción de la debilidad económica, que es lo que justifica la operación twist, puede ser un búmeran y deteriorar la confianza; entonces que haya tres disidentes que sostienen que no hace falta más estímulo debería proveer una señal de aliento. Tan mala no debe ser la situación.
P.: La reacción negativa, entonces, fue de puro gusto. Un reacomodamiento de mercado sin otras connotaciones.
G.G.: El problema con la operación twist es que no se sabe por qué la medida puede ser efectiva. Es un ejercicio rebuscado. Para peor, el antecedente histórico fue casi un bluff. No sólo eso. La Fed también decidió reinvertir las amortizaciones de los títulos hipotecarios de su cartera en esos mismos instrumentos y dejar de hacerlo en bonos del Tesoro. Creo que esta vez la comunicación se quedó corta. La Fed debería explicar mejor lo que hizo y cuáles son sus expectativas.
P.: Es un error subsanable.
G.G.: Lo corregirá. Sobre todo si los mercados insisten en su rechazo.


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