4 de octubre 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La tragedia griega suma otra escena, nueva pero previsible: el primer ministro Papandréu reconoció que no se alcanzarán las metas fiscales pactadas con Europa. ¿Cómo continúa este drama? Es la pregunta de rigor que contesta Gordon Gekko, el experto en finanzas bajo el camuflaje del protagonista de «Wall Street», la película de Oliver Stone.

José Siaba Serrate - Economista
José Siaba Serrate - Economista
Periodista: ¿Y ahora qué? Grecia le avisó a la troika -la Unión Europea, el BCE y el FMI- que no le dan los números, que no pudo cumplir las metas. ¿Cartón lleno? ¿Papandréu dijo basta y Grecia patea el tablero?

Gordon Gekko:
No. Grecia no rompió lanzas. De hecho, el primer ministro señaló que aspira a ejecutar las metas de 2012.

P.: Difícil de creer.

G.G.:
Seguro. Pero no hay un repudio de la relación. Grecia no cumplió, pero tampoco patea el tablero.

P.: El rey está desnudo. Aunque prometa conseguir un taparrabos el año que viene. ¿Cómo sigue la película? ¿Se cae la operación de rescate? ¿Hora de apretarse los cinturones y de ir directamente a la reestructuración?

G.G.:
Será Europa la que decida.

P.: Costará mantener la ficción de un ajuste en curso como quid pro quo de la asistencia.

G.G.:
Ello no quita lo anterior. Será Europa la que defina qué hacer con Grecia. Si se puede subsanar el desvío (y achacarlo, por ejemplo, a una esfera fuera del control del Gobierno como ser una recesión más profunda que la estimada) o si se trata de un incumplimiento intolerable y Grecia se pasó de la raya.

P.: Usted sostenía que Europa no tiene, de momento, otra alternativa que mantener a Grecia en situación corriente.

G.G.:
Correcto. Tocará comprobar si estoy o no en lo cierto. En ese sentido, no se podría pensar en una mejor prueba de laboratorio.

P.: Grecia soltó la bomba, reveló la mala noticia, pero no se oyó una explosión a pleno. Los mercados acusaron el impacto, pero esta caída no puede ser todo el estruendo.

G.G.:
Por la misma razón. La detonación plena dependerá de Berlín. De si los alemanes deciden o no quitar la espoleta de seguridad.

P.: Lo que uno escucha de Berlín es una prédica en alza a favor de una reestructuración y una quita de no menos del 50%.

G.G.:
Eso va a suceder. Pero Europa elegirá el momento a su conveniencia. Como cualquier brigada de explosivos, primero tratará de despejar la zona. Es curioso, o no, que un par de días atrás, el presidente francés Sarkozy haya dicho que «si cae Grecia, cae Europa».

P.: Usted piensa que ya sabía lo que Papandréu iba a anunciar.

G.G.:
No lo sé. Pero me imagino que no se habrá enterado leyendo la prensa. Como sea, parece lógico pensar que la estrategia es lograr que si cae Grecia, no caiga Europa. Mientras no se lo vea factible, le cito palabras de Sarkozy, «la familia europea no lo permitirá».

P.: ¿Y cuándo llegará a darse esa situación? Este drama comenzó hace un par de años y no encuentra solución.

G.G.:
Es que el problema no es la ficha de Grecia en sí. Es el dominó. La verdadera preocupación hoy es Italia y España. Llevamos unos tres meses desde que la crisis le hincó los dientes a Italia y, es evidente, no se ha podido desasir.

P.: Y no pase por alto a los bancos.

G.G.:
Esa es la contraparte de la deuda. Desde ya.

P.: ¿Hay otro credit crunch, otra fuerte retracción del crédito, en ciernes?

G.G.:
Lamentablemente. De ahí, la conveniencia de actuar rápido y con poder de disuasión.

P.: Dexia, el gigante bancario franco-belga, está sumido en el ojo de la tormenta. ¿Es la primera de una nueva oleada de tribulaciones bancarias?

G.G.:
Dexia tiene un formato de negocios muy particular, muy centrado en el riesgo del sector público. Pero igual afectará la percepción sobre toda la banca.

P.: No hay banco europeo que pueda alegar que esté completamente a resguardo de esta tormenta.

G.G.:
Dexia es un ejemplo del impacto de los temores que rodean a la deuda de Italia. Si su calidad está en la picota, no tiene muchas rutas de escape.

P.: No le será fácil conseguir capital. ¿Tal vez una nacionalización?

G.G.:
Acá talla la importancia de contar con un muro cortafuegos. Europa necesita poner a la deuda de Italia, y de España, fuera de sospecha, al margen de toda discusión. Italia, después de todo, tiene una situación de equilibrio fiscal primario que muchos le envidiarían.

P.: Cuentas operativas equilibradas, antes del pago de intereses.

G.G.:
Correcto. Promete un leve superávit el año próximo. Si cunde la desconfianza, y sus tasas de interés se disparan, el déficit fiscal crece pari passu. Como la deuda es grande -120% del PBI la deuda bruta, y el 100% la deuda neta- la incidencia de un salto en las tasas de interés es demoledora. Si los inversores le creen a Italia, en cambio, su solvencia no está en peligro. No parece una operación que Europa no pueda llevar adelante. El respaldo a Grecia, se sabe, es una frase de circunstancia. No resiste el peso de la evidencia económica en contra. Sostener a España e Italia es muy distinto. La deuda permite avizorar un abanico amplio de posibles desenlaces, pero una Europa decidida, que ataque el problema de la iliquidez actual, puede promover la convergencia a un equilibrio benigno.

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