3 de julio 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Cómo interpretar el traspié de un informe industrial clave en EE.UU.? ¿Es quizá la primera señal de recesión en el país del norte? Entrevistamos a un experto de las finanzas internacionales -como siempre, oculto bajo la máscara de un personaje de película, Gordon Gekko-, quien analiza las cifras y su potencial impacto. Una cosa es clara: antes que intervenga la Fed, bajarán sus tasas el BCE y el Banco de Inglaterra.

Periodista: Tanto hablar de Europa, y la mala noticia vino de EE.UU. ¿Se contrae la actividad industrial? ¿Nos arrimamos a una recesión?

Gordon Gekko: No tan de prisa.

P.: Es lo que sugiere el informe ISM de junio. Quebró la tendencia alcista que traía de arrastre -por primera vez desde mediados de 2009- y señaló una lectura por debajo del nivel crítico de 50. Lo que, en la escala utilizada, supone una retracción.

G.G.: En todo caso, será una declinación de la actividad manufacturera. Pero no de la economía en general. El registro todavía es compatible con una expansión de la economía a una velocidad por encima del 2%.

P.: La industria era el renglón más firme de todo el espectro sectorial.

G.G.: Sí, pero tome el número con pinzas.

P.: Otros indicadores regionales (como el Empire Fed o el Philly Fed) pintan un cuadro parecido.

G.G.: La economía está perdiendo empuje, sí. ¿La industria? También.

P.: ¿Entonces? ¿No es, acaso, una clara confirmación de la debilidad?

G.G.: Debilidad, sí. Retroceso no es tan convincente. Póngalo en duda.

P.: ¿Por qué lo dice?

G.G.: Si examina los renglones que componen el indicador, va a notar que la producción -en sí misma- continúa en alza.

P.: Se desacelera.

G.G.: En efecto, pero aumenta todavía. Y la creación de empleo también crece.

P.: ¿Y qué es lo que cae?

G.G.: Las nuevas órdenes de producción, los inventarios, los precios pagados y las exportaciones. Los nuevos pedidos, sobre todo. Caen como un piano. Y son los que llevan el informe general por debajo de la línea de flotación.

P.: Todavía la producción industrial no retrocede, pero el mensaje es de anticipación. Sin nuevas órdenes que se acumulen, tarde o temprano, sucumbirá.

G.G.: No lo discuto. Pero las órdenes que no vinieron en junio pueden aflorar este mes o el próximo. No es muy claro, fue una sorpresa absoluta, por qué cesaron tan abruptamente. Un reporte paralelo, el PMI de Markit, no muestra ese declive.

P.: ¿Quizá haya sido por las vicisitudes de Europa?

G.G.: La magnitud de la merma es la típica respuesta a un gran shock adverso. Después de todo, es la disminución más importante desde la que provocó el atentado a las Torres Gemelas en 2001.

P.: ¿Será que los temores por la suerte de Europa pueden haber causado un efecto comparable?

G.G.: Quizá en Grecia o en España. No en EE.UU.

P.: ¿Entonces?

G.G.: Tal vez sea una aberración.

P.: ¿Un problema local, propio de los EE.UU.?

G.G.: No hay nada que califique como tremendo. Eso sí, entramos en la recta final de la campaña presidencial.

P.: No hay constancias de que se trate de una conmoción. Para nadie.

G.G.: Por eso le digo que tome la cifra con cuidado. Tiene todos los visos de una exageración.

P.: No arroja tampoco ningún indicio de que la situación esté pronta a mejorar.

G.G.: En general, no. Aunque hay bolsones de robustez (maquinarias, metales primarios, equipos de transporte, la industria petrolera). Lo que sí es evidente es que la incertidumbre marcha en ascenso. Ya sea por Europa o por una menor demanda proveniente de Asia. La fuerte caída de los precios pagados por la industria, fundamentalmente de materias primas, es un correlato obvio. Y uno puede pensar que la incertidumbre electoral, si no juega ya, va a empezar a tallar también.

P.: Vuelvo a la idea de «cuanto peor, mejor». El informe ISM no resultó demasiado dañino para las Bolsas. ¿Será que tiene la virtud de acercar las chances de una intervención amigable de la Fed?

G.G.: Es imposible que no aliente la especulación.

P.: Ya se lanzó el Twist 2. ¿Será suficiente para la Fed o habrá que recurrir al QE3?

G.G.: Por ahora, la Fed jugó sus cartas. Intentará llegar a noviembre (cuando se celebra la elección) sin meter baza.

P.: ¿No cree que el informe ISM puede llevar a una revisión de su enfoque? Quizás la economía tenga mucha menos gasolina en el tanque que lo que creíamos todos.

G.G.: El mercado laboral es el talón de Aquiles de la estrategia de la Fed. Es lo que luce más débil, y alejado de sus objetivos. Pero la lectura del renglón de empleo del ISM, paradójicamente, fue muy saludable: 56,6. No hay aquí signos de estrés.

P.: Habrá que mirar el informe laboral de junio, que se conocerá este viernes.

G.G.: Como siempre. Recuerde que dio la primera voz de alerta, cuando se enfrió en marzo. La Fed sí será sensible a cualquier traspié en este terreno. No va a responder a una floja lectura del ISM, pero sí lo hará si se verifica un deterioro del empleo.

P.: Antes que se dé a conocer el informe laboral en EE.UU., se reunirán los bancos centrales de Inglaterra y de Europa. ¿Damos por sentada la baja de tasas? ¿En ambos casos?

G.G.: Yo apostaba por la baja ya el mes pasado. Y se discutió ardorosamente tanto en el Banco de Inglaterra como en el BCE, aunque se terminó resolviendo por la negativa. La difusión de los detalles «telegrafió» la idea de que habrá quórum para un recorte esta semana. En Gran Bretaña, además, se piensa que habrá más expansión cuantitativa. El actual programa de compra de bonos puede aumentar en 75 mil millones de libras.

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