14 de mayo 2013 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Tregua en Wall Street después de los comentarios de Bernanke sobre una excesiva efervescencia. ¿Prestarle atención a la admonición de la Fed o montarse en la ola creciente del estímulo? Según Gordon Gekko, ése es el dilema.

Periodista: ¿Toca un momento de meditación? Ben Bernanke avisó que, ante la caída generalizada de los rendimientos, los mercados financieros pueden estar tomando riesgos excesivos. Wall Street, sin embargo, no acusó recibo.

Gordon Gekko:
Es que, por otra parte, los rendimientos se siguen recortando. La última noticia es la rebaja de tasas del Banco de Israel. La apreciación del shekel -casi el 2,5% el último mes y más del 5% en el trimestre en términos reales- fue la razón que dio Stanley Fisher para apurar la reducción de su tasa testigo -un cuarto de punto- al 1,5%.

P.: Literalmente se apuró. No quiso esperar a la próxima reunión de la entidad.

G.G.:
Una tasa tan alta como el 1,75% le estaba generando grandes entradas no deseadas de capitales de corto plazo. Además de la rebaja, el banco central anunció que continuará sus intervenciones en el mercado cambiario. Comprará 2.100 millones de dólares de acá a fin de año para mitigar la influencia del "dinero caliente".

P.: Existió una primera ola de estímulo. Decisiones como las del Banco de Japón. O la tímida poda de tasas del BCE. Lo que estamos viendo ahora es el efecto dominó. Las réplicas secundarias. Bancos centrales de los países más diversos -y en todos los continentes- que prefieren "surfear" la corriente y que no les rompa en la cabeza.

G.G.:
Pocos lo reconocen tan abiertamente como el Banco de Israel, que cita expresamente la movida del BCE y los distintos programas de relajamiento cuantitativo (QE). Pero la lista de recortes de tasas no previstos es muy larga. Australia, Nueva Zelanda, Polonia, Kenia, India, Sri Lanka, Corea del Sur.

P.: No sé si Bernanke se refería a esta realidad. ¿Todos estos países precisan una política monetaria más laxa? ¿O sólo quieren escaparle a la apreciación de sus monedas? Ahí también estarán fogoneándose excesos.

G.G.:
Bernanke habla de los mercados bajo su órbita. Pero es fácil darse cuenta de lo que está pasando en el mundo. Basta con ver un listado de los emisores de deuda más recientes para detectar un giro muy agresivo en la toma de riesgos. Aunque tampoco hay que exagerar. Las variables no terminaron de acomodarse. La tasa larga española, por caso, que llegó a perforar el 4% hacia la baja, y con mucho ahínco, ha vuelto al 4,30%. El banco alemán Commerzbank, que trata de sacar provecho de la situación y anunció una ampliación de su capital, declina hoy el 4,7%. Arrastra de nuevo a todos los bancos de la región. Y si la Fed persiste con un mensaje más áspero, aun sin hacer nada más, limará los picos -la capa de espuma- de las cotizaciones.

P.: Alentará, al menos, la suba del dólar y ya vimos el viernes lo que puede significar. De movida, los rendimientos de los bonos del Tesoro treparon como accionados por un resorte.

G.G.:
Entienda lo resbaladizo del terreno. La reunión del G-7, el fin de semana, les concedió un valiosísimo respaldo a las políticas de Abe en Japón. Y ésa es la madre del actual borrego. Es lo que encendió, de abril a esta parte, la euforia que uno advierte. La sensación de rally "inagotable" deriva de allí.

P.: En febrero, el G-7 sorprendió con un comunicado más bien crítico, sutil pero crítico, de las Abenomics. ¿Qué cambió?

G.G.:
Europa cambió. En el margen, Japón y Europa son los jugadores que ahora aportan -y prometen- el estímulo incremental. Y, créase o no, EE.UU. es el que peina el freno. Ya no es sólo el ajuste fiscal; Bernanke trae a colación la posibilidad de retocar el QE3. Y con su sola mención el dólar puede escalar y comenzar de hecho a restringir las condiciones de liquidez.

P.: ¿Cuán seria es la advertencia? ¿Cree que en junio la Fed estrenará su estrategia de reducción en grageas del QE3?

G.G.:
La palabra es el arma que va a usar Bernanke.

P.: Ya comenzó...

G.G.:
Se anticipó a las minutas. Quizás porque cuando se hizo la última reunión, el sesgo era muy amigable. La idea era que tal vez la Fed tuviera que ampliar el QE3 en junio, y no limitarlo. Pero no hubo "sell in May", sino renovado apetito por los activos de riesgo. Y la economía sobrelleva bien su cruz. Y así la preocupación saltó al otro extremo. Esta volatilidad es lo que aconseja hablar, pero no hacer nada. Hay mucha polvareda y lo mejor es dejar que se asiente sola.

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