28 de mayo 2013 - 00:40

Diálogos en Wall Street

La Bolsa de Tokio volvió a caer con pesadez, pero ya no hubo contagio. Con Nueva York y Londres cerrados por feriados, el pecho lo pusieron las Bolsas europeas. ¿Cuán serio es el primer tropiezo de las Abenomics en los mercados? ¿Cesará su influjo en las plazas internacionales? Gordon Gekko nos explica su posición.

Periodista: Es el primer examen que reprueban las Abenomics en Japón. Un tropiezo ruidoso. Desde el jueves la caída del Topix araña el 10%...

Gordon Gekko: Lo que se podría definir como una corrección de manual.

P.: Se trata de un frenazo demasiado brusco. ¿Cuál es la razón? ¿La Fed? ¿China? ¿O la propia dinámica vertiginosa de la estrategia que impulsa el primer ministro Abe?

G.G.: Las Bolsas de Asia se estabilizaron hoy (por ayer), Tokio no lo hizo y volvió a retroceder. El Nikkei cayó el 3,2%. El Topix, el 3,4%. Las Bolsas de Europa, que tomaron la posta más tarde, reaccionaron con vigor. El Ibex de Madrid, por caso, cortó una racha de cinco bajas consecutivas y hoy (por ayer) trepó el 1,2%. Las noticias de Bernanke y de China encendieron la chispa de un revulsivo, pero ese reguero ya se apagó. La razón de la debilidad que persiste en Japón hay que buscarla entonces fronteras adentro.

P.: Junto con la volatilidad increíble de las cotizaciones surgieron las primeras críticas severas a las Abenomics. Señalan que es un perro que se muerde la cola, apuntan a la muy fuerte suba de las tasas largas y a que podrían hacer abortar la experiencia.

G.G.: No hay motivos para cambiar la opinión sobre las políticas de Abe por una toma de ganancias en la Bolsa. Sería sobreinterpretar los hechos, darles una relevancia que no tienen. Ni cuando la Bolsa subía como si no hubiese tiempo para comprar mañana ni ahora que corrige y le aprieta los dedos a una legión de incautos.

P.: La tasa de los bonos a diez años tocó mínimos un día después de que el Banco de Japón anunciara las compras masivas del QQE. La semana pasada rozó el 1%. Se multiplicó por tres. Se teme su impacto sobre los bancos. ¿No hay demasiada volatilidad?

G.G.:
Cuando uno ve la marcha de los programas de rélax cuantitativo de la Fed administrarlos parece fácil. Es como ver jugar al tenis a Roger Federer. Uno se da cuenta de la pericia que se requiere cuando le toca salir al ruedo. O cuando uno observa a un novato. La verdad es que el Banco de Japón no carece de experiencia.

P.: Fue el que estrenó los planes QE en 2001.

G.G.:
Así fue. Pero está claro que precisa mejorar la estrategia de comunicación. Escúchelo a Bernanke, ya dos semanas atrás, hablando de la posibilidad de que los mercados estuvieran tomando riesgos excesivos, tratando así de apaciguar lo que podía ser un atisbo de euforia desmedida. Y lo que ocurría en Wall Street, en comparación, era un velorio.

P.: El Banco de Japón no reaccionó hasta que se produjo el clic sorpresivo y se revirtió la suba de golpe. Tuvo que dar explicaciones ex post, que son las menos creíbles, porque parecen meras excusas, impotentes, ante los hechos consumados.

G.G.:
Todo eso se aprende. No le puede exigir a Haruhiko Kuroda, el presidente del banco central, que sea tan ducho como Bernanke porque no es heredero tampoco de la rica tradición que forjó la Fed en los últimos años. Pero el trabajo es similar. Hay que transmitir, por ejemplo, que las compras de bonos, si funcionan bien, hacen subir la tasa larga y no que baje. Se debe explicar que ni la Bolsa va a subir todos los días, y a grandes zancadas, ni el yen puede depreciarse de la misma forma. Y que no lo hagan no supone ningún fracaso de la estrategia de estímulo.

P.: Usted señaló que las políticas de Japón impactararían fuera del país. Y mucho. ¿Cómo tomar este súbito tropiezo? ¿Cree que habrá rectificaciones? ¿Piensa que habrá que moderar las expectativas de un derrame favorable sobre los mercados del mundo?

G.G.:
La apuesta de Abe no va a cambiar. Se mantendrá. No está mal sacudir el bote de cuando en cuando, y evitar que crezca la desmesura. Ello no le quitará influencia internacional a las Abenomics.

P.: ¿Es la imagen de los inversores japoneses corriendo en oleadas para adquirir bonos en todo el mundo?

G.G.: Entienda que eso no sucedió. Los japoneses compraron bonos extranjeros - en forma neta- durante sólo tres semanas y a la cuarta se dieron vuelta y, en esas cinco ruedas, vendieron más que todo lo que habían acumulado. Lo que hubo fue un arbitraje instantáneo tan pronto como el Banco de Japón hizo los anuncios. Dada la magnitud, no se puede ignorar su intervención. Sobre todo en los mercados de renta fija.

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