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Diálogos en Wall Street
El año 2015 arrancó con fuertes dudas existenciales. ¿A quién creerle? ¿A la realidad vigorosa que sugieren los 2.000 puntos del S&P 500? ¿O al mundo famélico que pinta una tasa a diez años al 1,95%? Gordon Gekko es contundente: no hay contradicción si se sabe separar la paja del trigo.

Gordon Gekko: Bastaron las minutas de la Fed para calmar el nerviosismo. Y el mercado enterró sus temores y volvió por sus fueros.
P.: ¿Cómo se entiende? Porque tuvimos un repunte espectacular en la Bolsa y, tras cartón, luego de un muy buen informe de empleo, lejos de tomar mayor impulso, las acciones volvieron a sufrir un traspié.
G.G.: No hay mucho que decir. No hay grandes cambios con respecto a lo que nos dejó diciembre. Quizás existía la idea -o el deseo- de que el precio del petróleo encontraría su piso con más rapidez. Verlo hundirse día a día ha sido la principal fuente de incertidumbre y, probablemente, la razón última detrás de estos altibajos tan pronunciados.
P.: La duda -que se agrava al ver caer también las tasas largas- es si el petróleo no nos está diciendo algo sobre la debilidad de la economía real. No en el presente, pero sí en los próximos meses.
G.G.: ¿Si no nos está alertando de un futuro mucho más frágil que el que imagina el consenso, que el que incorporan las acciones en sus cotizaciones?
P.: La Bolsa se abrió paso a nuevas alturas, se ubica a un tris de los récords absolutos, pero las tasas largas, el precio del crudo y de las materias primas, las mismas expectativas de inflación, todos ellos, se han replegado sensiblemente. ¿Quién está viendo la película correcta?
G.G.: Buena pregunta.
P.: La Bolsa esboza un mundo demasiado robusto. Los bonos y el petróleo cuentan otra historia.
G.G.: No sería la primera vez que discrepan.
P.: Lo importante es que, en los momentos críticos, los bonos se probaron más perspicaces. La Gran Recesión la vieron venir los bonos mucho antes que las acciones.
G.G.: La Gran Recuperación -si me permite la humorada, la recuperación en vigencia- fue al revés. Nadie apostó tan temprano y con tanta insistencia como la Bolsa. Y se salió con la suya.
P.: Como sea, las visiones vuelven a colisionar. ¿A quién creerle?
G.G.: No sé si le compro la tesis. Le diría que no. Las tasas largas están cayendo, sí. Pero son las tasas de interés nominales. Si uno observa las tasas de interés reales -por ejemplo, las que pagan los TIPS (bonos del Tesoro ajustables por inflación)- no hay reducción. O se mantienen o están trepando. Son las expectativas de inflación las que reculan. A nadie debería sorprenderlo. Como usted dijo, se retraen los precios del crudo y de las materias primas, y las propias mediciones de inflación.
P.: La caída de las tasas largas es muy pronunciada. ¿Está enteramente explicada por la merma de las expectativas de inflación?
G.G.: Así es. Y la caída de las expectativas se correlaciona estrechamente con el hundimiento de los precios del petróleo (en un mercado en el que no hay caída de la demanda, todavía hoy, sino aumento de la producción incesante, que no da señales de pisar el freno).
P.: Usted no advierte señales contradictorias.
G.G.: La crisis petrolera en curso es un shock favorable de oferta. Hay sobreproducción de crudo. Es una sorpresa. De repente, a estos precios, la energía sobra. Esto es compatible con una mayor producción global (algo muy bueno para la Bolsa) y con un nivel general de precios más bajo (de ahí el fortalecimiento de los bonos y la caída de las tasas nominales). No sólo no se acaba el mundo, sino que se expande. Para la eurozona y Japón, llueve maná del cielo.
P.: Sin embargo, los mercados desconfían. Los carcome la duda. Inclusive, después de conocer el informe de empleo de EE.UU., que fue muy sólido, las acciones no avanzaron. Volvieron a dar un paso atrás...
G.G.: No digo lo contrario. Pero esto es harina de otro costal. Enero empezó con mal pie. Se vienen los balances. El petróleo va a golpear a todo el sector energético. Y los beneficios tardarán algún tiempo en registrarse. El dólar fuerte también limará utilidades. Este serrucho no es muy diferente de todos los que los precedieron en este mercado bull. Así es el negocio. Problemas hay muchos y pueden complicarse. Pero lo esencial sigue en pie. Una economía robusta en EE.UU. Y otra que requiere cuidados intensivos fuera de EE.UU. Las minutas de la Fed señalan que Yellen lo tendrá en cuenta. No es una mala ecuación para Wall Street. Máxime si el mundo recibe la bendición de un shock de oferta favorable y todavía es reticente a computarlo a pleno.


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